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Por J. Arantza López Hernández

 

Siempre he sido una fanática del arte, en todas sus facetas. Pero con una marcadísima afición y pasión por la fotografía, música, poesía, artes marciales y la escritura.

Esta última me ha envuelto de tal forma que he tenido oportunidad de compartir lo que escribo en una revista de mi ciudad, Cancún; y ahora me gustaría compartirlo contigo y con cualquiera que llegue aquí por curiosidad, interés o simplemente por azares del destino y en este momento me lee. Cada uno de estos artículos llevan impregnada mi esencia y por lo mismo me encanta poder compartirlo y siempre es con todo cariño.

Esta colaboración, como las demás que compartiré, fue hecha para la revista TopTen Cancún, edición “Gustos Culposos” año 2015; en mi forma favorita y, para mí, la más artística de redacción: el Ensayo.

 

“El Clóset”

Cuando pienso “gustos culposos” vienen a mi mente un sinfín de cosas, entre ellas los “tabús” que por épocas han ido cambiando. Algunos se mantienen, muchos otros se integraron a medias a la sociedad y otros tantos se mantienen en eso, en gustos culposos.

Formamos parte de una generación extraña. No por razones lamentables o vergonzosas, al contrario, somos parte de una generación extraña porque somos hijos de aquellos niños o jóvenes que estuvieron presentes y vivieron en carne propia ‘el despertar de los sesentas’; por lo tanto hemos sido testigos de cómo se ha ido transformando poco a poco un gran número de tabús en cosas o situaciones comunes y aceptables. Este cambio viene desde hace varios años, claro está, y somos nosotros quienes vivimos la transición tal cual, por lo que también tenemos mucha responsabilidad: primero, para no convertir esta libertad alcanzada en libertinaje, y segundo, para no pensar mitad como en el pasado, mitad como en el presente, juzgando y rigiéndonos bajo una doble moral.

Dentro de los muchos tabús que podría mencionar, uno de los más importantes es la sexualidad, y más exactamente: la orientación sexual. Sí, aunque sea difícil de creer, actualmente la orientación sexual sigue siendo un tabú, pero ahora es un tabú a medias y me atrevo a decir que es el tabú donde la doble moral tiene un gran y antagónico papel.

Cuando acepté mi homosexualidad instantáneamente se edificó a mi alrededor el más grande, frío y tenebroso clóset que jamás se haya visto, y lo peor es que no podía verlo, sin embargo desde que despertaba hasta que me acostaba a dormir sólo pensaba en algo tan simple y normal como mi orientación sexual. Sabía que una vez que pronunciara las palabras no había vuelta atrás, literalmente me encontraba al borde de un cambio de vida de 180°, o por lo menos eso pensaba en mi clóset. Conforme lo fui aceptando personalmente, fui siendo sincera con la gente que más me importa: mi familia, la biológica y la que es por elección. Sin embargo por un buen tiempo mi clóset seguía ahí en aquellas ocasiones donde yo negaba mi orientación porque quien me lo preguntaba “no lo iba a entender” o “no estaba de acuerdo con ese ‘estilo de vida’” o cuando decidía fingir que mi novia era mi amiga o el simple y cursi hecho de no tomar su mano en público. Claro que a este punto de mi vida yo me jactaba de ser abiertamente lesbiana, porque con quienes me importaban podía serlo sin problema, pero mi propia conducta y voluntad seguían limitadas por el “qué dirán” que únicamente existía en mi mente y en mi clóset. Poco a poco fui sintiéndome incongruente ya que por un lado exigía igualdad y por otro dejaba que aquellas ideas prehistóricas me afectaran e inhibieran algo tan simple como lo es la orientación sexual.

Cuando me di cuenta de esto, no pude enojarme con nadie, no podía reclamarle a nadie, aunque quisiera encontrar alguien a quien echar la culpa no había nadie más que yo misma. Estoy de acuerdo que esas ideas me habían sido impuestas por muchas situaciones, las más importantes eran mi educación religiosa y lo que llegara a pensar la gente que me conocía desde chica, pero quien permitía que eso me afectara era yo. También me di cuenta que la única forma en que la gente que no lo “acepta” fuera tomándolo como algo normal (como lo es) primero yo debía poner el ejemplo como homosexual, aceptarme y si me preguntan decirlo orgullosamente, que a fin de cuentas llegará el momento en que nadie necesite anunciarlo. Fue en ese momento que deshice mi clóset imaginario y entonces supe la verdadera importancia de amarse a uno mismo.

Yo hablo de lo que en mi vida significó salir del clóset, hoy puedo decir que desde que me acepté por completo soy una mujer muy feliz, que encontré al amor de mi vida, que casarme con ella ha sido el suceso más importante de mi historia, que veo con mucha emoción el momento en que nuestros hijos nos llamen mamá, hoy no me da miedo amar a quien amo y ser quien soy.

Mi vida cambió o cambié mi vida, como quieran verlo, pero repito, en mi caso salir del clóset gira en torno a mi orientación sexual pero el clóset igual lo construyes cuando se te presenta esa limitante para llevarse tu paz o tu felicidad, construcción a base de otros tabús, dogmas que tu religión o la sociedad te impone, o a veces son cosas más simples, como decirle a tus papás que no quieres estudiar tal cosa, o que quieres dedicarte a tal otra.

Vivir fuera del clóset es vivir día a día sabiendo que el único limitante y el único motor es uno mismo, todo el amor, aceptación y motivación que esperamos recibir de alguien más primero debemos recibirlo de nosotros mismos. Abrazarnos y amarnos como somos, conocernos, conocer nuestro cuerpo, evitar la ignorancia de los dogmas a través de la ciencia que está a nuestro alcance, cultivar en nosotros mismos el conocimiento, crecer como humanos para entonces saber que todo aquello que hemos vivido y pasado nos hace únicos, nos hace ser la persona que somos y una vez que te conoces así sin tapujos, con virtudes y defectos te das cuenta que el único responsable de tu paz y felicidad eres tú mismo, ÁMATE.

 

Publicado en:     http://mexicografico.tumblr.com/


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