José Mantero, primer sacerdote que declara abiertamente ser gay

 

José Mantero
José Mantero

Publicado en El Mundo

Febrero 1°, 2002

Por Enric Pastor

José Mantero, primer sacerdote que declara abiertamente ser ‘gay’

Es párroco de Valverde del Camino (Huelva) y admite que no cumple la continencia sexual

MADRID. Aire fresco en el ropero de la Iglesia. El tranquilo pueblo de Valverde del Camino (Huelva), de 12,500 habitantes, se va a quedar boquiabierto. Su vicario, José Mantero, se confiesa a sí mismo, ante el Altísimo, ante la Iglesia y ante el mundo entero. «Doy gracias a Dios por ser gay» titula el último número de Zero desde hoy en los quioscos, una revista mensual destinada al público homosexual. En portada, el párroco del pueblo, sin pelos en la lengua.

Barba, un aro en la oreja izquierda, grueso anillo en el pulgar, pulsera de tachuelas y alzacuellos blanco, el sacerdote José, de 39 años diez como párroco, cuatro como vicario en la Parroquia de Nuestra Señora del Reposo, en Valverde del Camino, está en paz con Dios. «Me encanta ser gay y pertenecer a la Iglesia». Fervor católico y orgullo gay, a partes iguales. José Mantero, Pepe para sus parroquianos, es el primer sacerdote español que sale del armario, sin renunciar al amor a su Iglesia, pero sí a la estricta continencia sexual.

Gay y sacerdote es un binomio existencial difícil de defender ante la ortodoxia católica. Y un joven José Mantero García tomó la senda de la autoaceptación. «Tuve muchas contradicciones al comienzo, pero ahora lo vivo bien», confiesa a Zero. «En el momento en que lo vives como carga y no como gozo, te vas al carajo psicológicamente».

Para el sacerdote, nacido y ordenado en Valverde, la homosexualidad «no está reñida» con el sacerdocio. «Otro tema sería cómo vivo al ser maricón activo y sacerdote, porque yo no vivo ni mucho menos en la continencia. Sí lo hice durante siete años, estaba convencido del tema de la castidad…, pero me iba al pozo». Y remata: «Continente ya no existe, continente no hay nadie».

Su primera vez

Para muestra, su primera vez: «Lo descubrí a los 31 años, y tengo 39. Lo descubrí porque me enamoré. Una historia muy bonita, muy morbosa y que acabó mal. Mi primera relación no sexual, sino más completa fue la que me encendió el chip, la que me hizo dar gracias a Dios por ser gay».

Culto y apreciado por los jóvenes de Valverde, quienes conocen a Pepe dicen que no teme ni al Vaticano. A más de un feligrés de su parroquia debió sorprenderle la modernidad con que Mantero celebraba los matrimonios. «Eso es más heavy [el matrimonio], no me gusta nada. Siempre quito, ¡siempre!, las referencias a la unión de hombre y mujer. En lugar de decir, en la bendición nupcial, “la unión del hombre y la mujer”, digo “la unión de la pareja humana”».

Desde la revista Facanías, editada en su pueblo, Mantero ha escrito artículos tan poco ortodoxos como provocadores. «Hoy también es mi Pride, hoy me siento orgulloso, me quiero, me acepto y me luzco acaso, siendo gay, hetero, hilandera de Velázquez o lo que a ustedes les vaya dando la gana» remataba su columna mensual de junio, Orgullo Gay, que llamó la atención de los redactores de Zero, impulsora de la salida del armario del teniente coronel José María Sánchez Silva. Y le propusieron una entrevista. El sacerdote habló, y el cielo clamará.

Harto del «silencio y culpabilidad» que la homosexualidad provoca en la Iglesia, el sacerdote ha decidido abrir el ropero y dar un valiente paso adelante desde el altar. «Las historias hay que defenderlas desde dentro. Desde fuera, no sólo es más difícil, sino que es imposible. La lucha desde dentro incluye un factor importante: el amor a la institución. No estoy en absoluto ni resabiado ni resentido, todo lo contrario: estoy agustísimo. A la Iglesia la quiero muchísimo. Y el amor tiene que ser beligerante».

     «Supongo que a ti te gustarán las personas del otro sexo, ¿no?», cuenta Mantero que le preguntaron en el seminario. «Dije que sí, tan hipócritamente. Tenía 17 añitos. Si hubiera dicho que no, me hubieran echado». Porque la homofobia, denuncia Mantero, está anclada en la institución. Y eso que, en estos años, ha conocido a compañeros gays. «Lo normal es callar, negar tu propio ser: así estás anulado, eres más controlable y no haces ruido, que siempre molesta. Lo que se quiere es negar el hecho homosexual, negar que en nuestras filas hay maricones. A mí ya no me pueden echar porque ya estoy ordenado pero, antes de la ordenación, te echan».

«Es necesario que muera un hombre por el pueblo»

Un convento, un centro de terapia, otra diócesis, misionero en Latinoamérica… Estas son las posibles salidas para el sacerdote Mantero tras sembrar la polémica con su outing mediático. Preguntado por Zero por su futuro, admite: «Honestamente, no lo sé. La Iglesia es sorprendente». Lo peor: «Una ronda de conversaciones. El primero que me daría un toque sería mi obispo, porque, además, tenemos confianza. De cualquier forma, nunca van a tomar represalias directas, no es el estilo de la casa. Sería en otro plan, más de tapadillo, o se inventan un desfalco. Pero no van a suspenderte por maricón». Sobre el sacerdote se planea una suspensión a divinis, que podría terminar en su reducción al estado laico, medida que rara vez se ejecuta. «Igual acaba siendo como aquello de los judíos cuando van a procesar a Jesucristo: es necesario que muera un hombre por el pueblo», dice Mantero.

 

 


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