Documentos: la visión penal del estado – México

Visión penal del Estado
Visión penal del Estado

Los gays en México: la fundación, la ampliación la consolidación del ghetto por Carlos Monsiváis

En el artículo 53 del Código Penal del Estado de Veracruz (1931) se establece:

El estado especial de predisposición de una persona, del cual resulte la posibilidad de delinquir, constituye peligro socialmente.

Se consideran en estado peligroso: I. Los reincidentes y los habituales; II. Los alcohólicos, los  toxicómanos, los fanáticos, los invertidos y demás defectuosos mentales.

En 1944, Francisco González de la Vega, una eminencia jurídica según consta en la enumeración de honores que acompaña a su nombre en sus libros, termina su Derecho penal mexicano. En el tomo III dedica unas páginas a la homosexualidad donde comparte el criterio, avanzado para la época, del jurista español Jiménez de Azúa:

  1. El homosexualismo es una fijación irregular del instinto sexual que tiende a la satisfacción erótica con personas del mismo sexo, llamado amor socrático para varones y amor lésbico o sáfico para las mujeres. Generalmente los homosexuales activos o pasivos se clasifican en: a) absolutos, b) anfígenos o sea los que sienten entusiasmo por ambos sexos y c) ocasionales, o sea los que por circunstancias especiales practican la inversión, pero que vueltos a condiciones sociales de vida adquieren hábitos ordinarios, v.g. los presidiarios.

El homosexualismo ha sido de las perturbaciones sexuales la más discutida dentro del derecho penal y la que representa soluciones legislativas más contradictorias. Ya sabemos, por explicaciones vertidas con anterioridad en este capítulo que no sólo la práctica de la inversión sexual sino todos los actos de fornicación extra matrimonial eran reprimidos penalmente en las épocas en que, por exagerada influencia de las ideas religiosas, se confundían los pecados de lujuria con los delitos sexuales. Rebasada esta época, en la edad contemporánea los países de tradición latina han permanecido generalmente indiferentes ante la práctica de los actos de sodomía ratione sexus, salvo cuando éstos se realizan con empleo de fuerza física o intimidación moral o cuando se practican en menores constituyendo así pederastia, o cuando se efectúan escandalosamente. Por vía de excepción algunos Códigos latinos como el chileno sanciona al que se hiciere reo del delito de sodomía y el derogado código español de 1929 punía al que habitualmente o con escándalo cometiera actos contrarios al pudor con personas del mismo sexo.

En cambio generalmente los países sajones y anglosajones sancionan el homosexualismo en sí mismo considerado. Código alemán, noruego, la legislación inglesa y la de los Estados Unidos, etc.

La legislación mexicana no contempla como figura de delito la práctica de la inversión sexual debiéndose, sin embrago, notar: que el acto homosexual realizado por fuerza o intimidación integra delito de violación; que cuando recae en menores (pederastia) puede constituir delito de corrupción al que se refiere el Artículo 201 del C.P. ; que las acciones de lubricidad realizadas en personas del mismo sexo sin propósito inmediato y directo de llegar al ayuntamiento en púberes sin su consentimiento  o en impúberes, reúnen las características  del atentado al pudor; y que cualquier acto escandaloso por su publicidad efectuado por razón de homosexualismo encuadrada en la tipicidad del delito de ultraje público al pudor descrito en el Articulo 2000 del C. P.

Valorando el homosexualismo a la luz del derecho penal, que en materia de sexualidad desordenada no debe invadir el puro terreno de la conciencia o moral individuales, limitándose a tutelar intereses tan preciosos como los concernientes a la libertad o la seguridad sexuales – mínimun ético indispensable para la vida colectiva-, nos parece correcta la actitud de los códigos mexicanos obedientes ante la tradición latina de indiferencia ante estos problemas, y, en la materia, nos unimos a la opinión de Jiménez de Azúa – el ilustre profesor desterrado de su cátedra española pero, por derecho propio, honorario huésped de las Américas- destacada en los párrafos que en seguida trasladamos:

“En la época en que todos los actos humanos se ponían a cargo de la voluntad, parecía lógico castigar a los homosexuales, no ya en el caso de que trataran de practicar por la fuerza sus uniones extraviadas –lo cual está hoy penado con justicia como abusos deshonestos contra el individuo- sino incluso cuando sus actos contra natura se realizaban libremente entre personas de iguales tendencias o bien mediante un convenio voluntariamente estipulado. En estos últimos casos el castigo tenía lugar en defensa de las buenas costumbres.

Pero aun se mantiene en leyes vigentes y en Códigos proyectados este viejo criterio sin violencia ni engaño. Estas penas que algunos Códigos y modernos proyectos imponen a los homosexuales, están orientados en torpísimas concepciones médicas, o mejor dicho en la ignorancia de los problemas más elementales de patología sexual. Lejos de afirmarse hoy que el invertido es un delincuente se procura la búsqueda de interpretaciones científicas a cuya luz aparece claro que el amor socrático y el amor sáfico, no son actos delictivos, son hechos reveladores de trastornos constitucionales del sujeto.

En todo ser, varón o hembra, existen además de los rasgos morfológicos de su sexo, vestigios del sexo contrario, recuerdo de la primera época del feto en que el embrión era bisexuado. La secreción interna de la glándula genital correspondiente –ovario en la mujer, testículo en el hombre- conserva e impulsa los rasgos sexuales específicos, pero otras secreciones internas probablemente emanadas de la corteza suprarrenal, por lo menos en su mayor parte (quizás también de la hipófisis), pueden actuar, excitando la revivicencia de los caracteres sexuales contrarios.

La energía de las hormonas homosexuales (ovario en la hembra, testículo en el macho) mantiene apagadas las hormonas heterosexuales y da lugar a la mujer morfológica y psicológicamente muy femenina y al hombre muy varonil. Mientras que el estado hormónico inverso, esto es, la relativa debilidad de las hormonas homosexuales da lugar al hombre afeminado y a la mujer varonil (Marañón).

No basta, pues, uno de los elementos hormónicos para que se verifique la tendencia a la inversión sexual; son precisos los dos. Un tratamiento médico opoterápico (opoterapia: tratamiento de las enfermedades por jugos o extractos de órganos de animales, organoterapia) bien dirigido; prudentes operaciones quirúrgicas en ciertos casos y a lo sumo, cuando el sujeto haya demostrado ser peligroso para la sociedad y los particulares, medidas asegurativas de custodia y protección, constituyen el único tratamiento eficaz contra los homosexuales”.

Publicado en Debate Feminista


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