Erómeno y erastés en la Grecia antigua

Erastes y erómeno. Copa ática de figuras rojas - Siglo V a. C.

Copa ática de figuras rojas – Siglo V a. C.

En la Grecia antigua, un erómeno (griego ἐρώμενος erómenos, pl. ἐρώμενοι erómenoi) era un adolescente comprometido en una pareja pederástica con un hombre adulto, llamado erastés.

Un joven muchacho era susceptible de convertirse en erómeno desde el momento en que salía de la estancia de las mujeres, el gineceo, para frecuentar la palestra, donde recibía una educación intelectual y física.

Este estatus social, aunque reconocido y codificado por las sociedades antiguas, era practicado sobre todo por la aristocracia, más habitualmente en el orden ecuestre – Curetes o Kourètes.

Se consideraba que la aparición de la barba en el mentón del joven ponía fin a la posibilidad de este estatus social, si bien algunas veces las relaciones iniciadas con anterioridad continuaban.

Un erastés era generalmente un ciudadano influyente de la clase alta, comprometido en la vida social y política de su polis, que gozaba de cierta fortuna. Aunque algunas veces estaba casado y era padre de familia, generalmente esta relación tenía lugar antes del matrimonio, que en el caso de la sociedad griega era tardío, ya entrada la treintena.

Asumir la carga de una relación pederástica era costoso: por ejemplo, en el caso de Creta, las fiestas que clausuraban el período de prueba suponían un banquete (simposio) y varios regalos rituales prescritos: un buey, para sacrificar a Zeus; un equipo militar, para significar que el erómeno era en adelante un guerrero que podía defender a su ciudad; y una copa, para significar que el erómeno podía participar en adelante en los banquetes (simposios) de los hombres. En otras ciudades, los ritos y regalos eran diferentes pero igualmente caros, y no era raro que los amigos del erastés ayudaran a costear el gasto, acontecimiento que reunía a los amigos de una y otra parte, como una fiesta de familia.

Además de convertirse en el amigo y amante del muchacho, el erastés adquiría un estatus similar al de un familiar masculino del chico y era responsable de su educación, en especial de su formación militar.

Publicado en.     http://es.wikipedia.org

 La ritualización de la homosexualidad en Creta

Erómeno y erastés

Éforo, que escribe a mediados del siglo IV, ofrece un notable relato del ritual del rapto homosexual en Creta. El erastés anunciaba su intención, y la familia y amigos del erómenos no trataban de ocultar al muchacho, pues eso habría sido admitir que no era digno del honor que le ofrecía el erastés. Si creían que el erastés no era digno, impedían el rapto por la fuerza; de lo contrario, oponían una resistencia tibia y medio en broma, que acababa cuando el erastés se llevaba al erómenos a un escondite durante dos meses. Al término de este período, los dos volvían a la ciudad (el erómenos era conocido, durante el tiempo que duraba esta relación, con el nombre de parastatheís, «que está junto a…»o «puesto al lado de…») y el erastés entregaba al erómenos valiosos regalos, entre ellos un vestido que testimoniaba desde entonces el éxito del erómenos al haber sido elegido; se convertía en kleinós, «famoso», gracias a su philetor, «amante». No sabemos hasta qué punto estaba generalizada esta costumbre en las ciudades cretenses; en vano buscamos términos que aludan a este ritual o cualquier otra indicación de su existencia en el corpus de leyes de Gortina, que, como las leyes atenienses, prohibían el estupro sin distinción del sexo de la víctima, aunque la pena era sólo pecuniaria.

Tampoco sabemos, obviamente, la antigüedad que tenía el ritual cretense en época de Éforo. Las convenciones cretenses coincidían con las espartanas en considerar el coraje y los valores morales, no el aspecto físico, como los atributos que atraían al erastés, pero no hay pruebas de la existencia en ninguna otra región doria del procedimiento descrito por Éforo, y sería prudente, por tanto, tratarlo como un desarrollo particular y localizado, irrelevante para el problema de los orígenes del ethos homosexual.

Élide y Beocia

El rasgo más llamativo de la crítica de Creta y Esparta que hace el Ateniense de Las leyes de Platón es negativo: se trata de la contradicción que presenta no simplemente con lo que algunos pensaban sobre Calcis, sino también con las palabras que pone Platón en boca de Pausanias en El banquete; por la misma época, Jenofonte, que conocía bien Esparta y tenía experiencia en comandar tropas venidas de las partes más diversas del mundo griego, concuerda con Pausanias y no con el Ateniense anónimo de Las leyes. Pausanias dice que el eros homosexual encuentra una aprobación sin reservas en Élide y Beocia –ninguna de estas dos regiones, por cierto, era doria– y un abierto rechazo «en muchas partes de Jonia y en otros lugares», pero que en Atenas y en Esparta la opinión pública sobre esta cuestión es «complicada». En El banquete, Jenofonte muestra a un Sócrates que, refiriéndose explícitamente a Pausanias, admite como hecho cierto la abierta práctica de la homosexualidad en Élide y Beocia («entre ellos es una costumbre normal, mientras que entre nosotros es algo vergonzoso»), y el mismo autor, en Lac., distingue Es-parta tanto de Élide y Beocia como, en el extremo opuesto, de los lugares en los que «prohíben totalmente a los erastái hablar con los muchachos». La costumbre espartana, tal como la describe Jenofonte, es ciertamente «complicada»:

Si algún hombre que fuera como se debe ser se prendaba del espíritu de un muchacho e intentaba hacer de él un amigo sin tacha y estar en su compañía, éste (i.e., Licurgo, el primer legislador) lo aprobaba y juzgaba este modo de educación el más conveniente; en cambio, tuvo por suma torpeza que alguien se mostrara a las claras deseoso del cuerpo de un muchacho, y así ordenó que en Esparta los erastái se abstuvieran de tener trato sexual con sus paidiká, del mismo modo que se abstienen los padres con sus hijos y los hermanos entre sí. No me extraña, sin embargo, que haya quienes no se creen esto, porque en muchas ciudades las leyes no se oponen a quienes desean a muchachos.

Un sistema que fomenta algo llamado éros pero que trata su consumación física lo mismo que el incesto está muy bien como construcción filosófica, tal como encontramos en la pintura del eros ideal en el Fedro de Platón, pero es probable que su puesta en práctica produzca una fractura entre lo que se dice y lo que se hace. Más adelante se examinará si en Esparta se produjo de hecho tal fractura. En cualquier Estado griego, cuando un erómenos alcanzaba la edad suficiente para servir como soldado (y en Atenas esta condición se alcanzaba a los dieciocho años, aunque entre los dieciocho y los diecinueve los jóvenes sólo podían servir dentro de las fronteras del Ática), erastés y erómenos podían encontrarse librando la misma batalla; en esos casos, el deseo del erastés por sobresalir a los ojos del erómenos era un acicate para su valor.

Por su parte, si el erómenos respondía al sentimiento del erastés con amor y admiración, también deseaba estar a la altura del ejemplo ofrecido por el erastés, y era esto lo que constituía, a su vez, el acicate para su valor. Como vimos en el caso de Harmodio y Aristogitón, que mataron al hermano del tirano ateniense Hipias en 514 a. C. y pasaron a la historia de Atenas como ejemplo supremo de amor por la libertad al precio de la vida, erastés y erómenos podían emprender juntos una empresa que requiriera el mayor heroísmo. Hay toda una serie de anécdotas que ilustran este fenómeno, algunas de ellas de carácter mitológico, por ejemplo la historia que cuenta Neantes de Cízico acerca de Cratino, un bello joven que, cuando un oráculo exigió un sacrificio humano, se ofreció como víctima, siendo sacrificado junto a su erastés Aristodemo, que igualmente se había ofrecido.

Pero no podemos rechazar todas las anécdotas de este tipo considerándolas ficciones románticas del período posclásico. Algunas estaban incluidas en una obra sobre el eros escrita por Heraclides Póntico a fines del siglo IV a. C., por ejemplo la conjura de Caritón y su paidiká Melanipo contra Fálaris, tirano de Agrigento, quien, conmovido por el coraje que ambos demostraron al ser sometidos a tortura, los perdonó. La historia de Plutarco según la cual la alta consideración que tenían los hombres de Calcis por el eros homosexual se originó a partir del coraje y valor que el erómenos de Cleómaco de Farsalo, aliado de los calcideos, había inspirado en su erastés cuando se preparaban para la batalla (en la que Cleómaco perdió la vida), proviene, aunque los nombres de los protagonistas no fueran los mismos, bien del filósofo Aristóteles, bien del historiador Aristóteles de Calcis.

Erómeno y erastés

En Élide y en Beocia, el erastés y el erómenos eran colocados uno al lado del otro en la batalla. Esto quiere decir que ambos Estados explotaban un aspecto del ethos homosexual con fines militares. No conocemos nada más sobre la organización militar de los eleos, pero el «batallón sagrado» de Tebas, formado en torno al año 378, se componía íntegramente de parejas de amantes homosexuales; este batallón constituía el núcleo del ejército beocio, un ejército formidable durante toda la mitad del siglo IV, hasta que el año 338 en Queronea, donde el rey Filipo II de Macedonia aplastó la oposición griega, cayó hasta el último hombre. Un cierto Pámenes, comandante militar tebano, veía en este tipo de emparejamiento un principio de la organización militar y era costumbre entre lo stebanos que, cuando un erómenos alcanzaba la mayoría de edad, su erastés le obsequiara con una armadura. Cuando cayó Epaminondas en la batalla de Mantinea en 362, Cafisodoro, el erómenos que tenía entonces, murió a su lado; otro erómenos anterior, Asópico, estaba llamado a convertirse en el más formidable guerrero tebano de su tiempo.

La alusión de Jenofonte al valor demostrado por Epístenes en una compañía cuyos miembros habían sido seleccionados en función de su belleza muestra que los tebanos de la década de los 70 del siglo IV no fueron los primeros en explotar el deseo de los hombres de exhibir sus habilidades ante varones jóvenes y apuestos. Da la impresión de que nos encontramos aquí con un proceso histórico en curso de desarrollo y que no se produce en un ámbito dorio. Un erastés espartano y su erómenos podían encontrarse juntos en el campo de batalla, e incluso podía procurarse que fuera así –cuando el general espartano Anaxibio buscó la muerte en combate para expiar su negligencia militar, su paidiká se mantuvo junto a él hasta el fin–, pero no formaba parte de la organización militar espartana el hecho de que debieran estar colocados deliberadamente codo con codo.

Extracto de Homosexualidad Griega de K. J. Dover


Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s