Presunta homosexualidad de Julio César

Julio César
Julio César

César nació el 13, algunas fuentes citan el 12, de Julio -Quintilis, como se lo conocía a este mes en un principio que era el quinto mes del calendario romano y que luego sería nombrado Julio en honor a César- del año 100 AC.

Su nombre original Gaivs Ivlivs Caesar -Gayo Julio César-, pero ya con el culto al emperador bien sólido en Roma a partir del 42 DC pasó a ser conocido como “IMP C IVLIVS CÆSAR DIVVS” -Imperador Gayo Julio César el Divino-. Gayo Julio César es bajo el nombre que nosotros lo identificamos popularmente, donde Gayo es su praenomen, nombre de pila, Julio su nomen, el cual identifica su pertenencia a la tribu Julia y César, el cual se convertiría en sinónimo de emperador, era su cognomen, o sobrenombre.

Cuando nos referimos a uno de los mayores referentes de la historia humana es de gran dificultad separar al hombre de la leyenda. Más allá de cualquier relato digno de la mitología con el que nos podamos encontrar, de algo que si podemos estar absolutamente seguros es que Julio César fue en vida muchas cosas, y al contrario del que generalmente abarca mucho y hace poco, él fue eficiente en casi todos sus cometidos. Un general intrépido con un don para la estrategia, un político ambicioso, un estudioso de la literatura y las culturas foráneas, la ingeniería y las leyes, prosista y orador decorado. Sin embargo una de sus más importantes características, al menos para la historia, es que también fue cronista de sus propias campañas, lo que ha permitido que lleguen a nuestros días sus más profundos pensamientos en el arte de la guerra y la política.

Generalmente el gran denominador de las personas considera a César como un referente de Emperador, pero esto es errado. César no fue Emperador, tal y cual como nosotros lo interpretamos. Si bien César gozó de varios títulos siendo el más destacado el de Dictador -título que poseía al momento de su muerte- su nombramiento o título de Imperator comenzaría a utilizarse regularmente solo muchos años después de muerto -para la historia oficialmente el primer Emperador Romano ha sido Augusto-.

Dentro de las cualidades y características de esta inmensa persona hay algo de lo que podemos estar seguros, y es que César pasa a la historia como otros pocos hombres lo han hecho. Durante siglos fue modelo a seguir de aquellos que soñaron obtener el poder total y absoluto. Podemos decir que para la historia César fue un grande entre los grandes, proclamado y luego divinizado por Augusto, sería puesto al lado de Apolo introduciéndolo así como un dios en la mitología Romana, pero son sus acciones en la Tierra las que nos deja perplejos y asombrados aún dos milenios después de ser cometidas.

No importa el tiempo ni el lugar, en la humanidad siempre habrá una constante invariable: La difamación en base a la envidia y el miedo hacia un personaje grande y poderoso. Cuando una persona logra superarse y alcanzar niveles superiores, y en el caso de Julio César, tan épicos y magnánimos, que sería tarea imposible definirlos con palabras, los contrincantes comienzan a ver, a comprender, dicha superación y en los peores de los casos tratan de eliminarla o limitarla con todo tipo de sucias artimañas y mentiras.

César no fue ajeno a la difamación, de hecho, debió de soportar un caudal inmenso de rumores y mentiras. La mentira más grande, difundida nada más y nada menos que por sus máximos enemigos en el Senado, ésos mismos enemigos a los que César, tras derrotarlos, incluso luego de que éstos mismos le hubieran traicionado anteriormente, perdonaría la vida y restituiría sus cargos demostrando un grandeza sin paralelo, fueron los que comenzaron el rumor sobre la presunta homosexualidad de César. Para difundir ésta mentira utilizaron un episodio de su pasado. Cuando éste era un joven oficial, en uno de sus tantos viajes al servicio de Roma, serviría como copero del Rey Nicomedes de Bitina -el copero era el joven que servía el vino-. Es entonces basándose en un episodio de la mitología Griega es que los traicioneros Senadores comenzaron a difamar a César -El episodio refiere a Ganimedes un joven que tras ser secuestrado por Zeus oficiaría como su copero para luego ser sodomizado por éste-. Sin embargo no hay nada más alejado de la realidad. Ya vemos de principio que basarse en un episodio mitológico para desacreditarlo no es muy serio que digamos. Segundo, como hemos podido observar a lo largo de éste artículo de la vida de César, él era un hombre estudioso de las culturas foráneas. Y, como todo buen estratega, utilizaba éstos conocimientos para su provecho. Lo hemos visto en la Galia donde sus conocimientos de la cultura, costumbres y tradiciones tanto de los Celtas como de los Germanos eran intachables y los utilizaba constantemente para planear sus estrategias militares; o el matrimonio con Cleopatra según la tradición Egipcia -fides- para así granjearse la simpatía del pueblo. Para Julio César no tenía mucho sentido o importancia ser un copero, de hecho, para él era solo tirar vino en una copa. Pero para éste Rey Oriental era importante ya que mostraba respeto. Por lo tanto César no tendría problema en pasar media hora sirviendo vino si es que esto le ayudaba a su cometido.

Sin embargo volvamos a los enemigos de César, los que comenzaron los rumores y desprestigios. Si éstos no estaban ofendidos por el poder y prestigio militar de César lo estaban, literalmente, por los cuernos que les ponía. César tenía un vicio hacia las mujeres casadas, de hecho un relato famoso es el que durante un triunfo le llegan a gritar: «Déjate de mirar a las matronas, calabaza calva. ¡Confórmate con las prostitutas!». La cuestión principal es que éstos oscuros traicioneros y confabuladores no pudiendo haberlo bajado con rumores, intrigas y desprestigios decidieron hacerlo con el frío hierro de los puñales cuando lo asesinaron traicioneramente como vulgares matones, sí, ésos mismos a los que César en el pasado tras vencerlos les perdonara la vida fueron los mismos que lo asesinaron y los mismos que corrían rumores sobre su persona. Ya podemos ver cuán confiables eran éstos rumores. Afortunadamente la traición sería vengada por el heredero de César, el gran César Augusto, quien no sería tan caritativo hacia sus enemigos como su tío.

 

Fuente:     http://www.imperivm.org

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