San Sebastián, icono gay

Imagen de Pierre et Gilles

       Desde hace ya bastante tiempo se ha considerado icono gay a San Sebastián. La combinación de su físico imponente desnudo, el simbolismo de las flechas penetrando su cuerpo y la mirada de su cara de extasiado dolor ha intrigado a los artistas heterosexuales y homosexuales durante siglos, e inició el primer culto explícitamente gay en el siglo XIX. Richard A. Kaye escribió que “los hombres gays contemporáneos han visto inmediatamente en Sebastián un anuncio conmovedor del deseo homosexual (de hecho, un ideal homoerótico) y un retrato prototípico de un caso en el armario torturado.” Debido al estatus de San Sebastián como icono gay, Tennessee Williams eligió ese nombre para el martirizado personaje de Sebastián en su obra Suddenly, Last Summer. El nombre también fue utilizado por Oscar Wilde—como Sebastian Melmoth— cuando estaba en el exilio tras su salida de la prisión, y por el personaje Sebastián de Little Britain, torturado por su amor no correspondido hacia el Primer ministro de Reino Unido. A su vez el propio Oscar Wilde que se encontraba tan fuera del armario como era posible estarlo a finales del siglo XIX, se convirtió en un icono gay por su talento y la persecución y el ostracismo que sufrió, siendo considerado un trágico símbolo de lo que la homofobia puede producir en una vida.

Salvador Dalí escribió su propia versión “estética” del mito de San Sebastián en el breviario estético “San Sebastián”. En su correspondencia con el poeta García Lorca identifica a éste con el santo.

Es significativo que la figura de San Sebastián herido a flechazos y moribundo, se convirtiera a partir del Renacimiento en la figura homoerótica por excelencia, hasta el punto de haber pervivido en el siglo XX como un icono gay. Que fuera un cristiano martirizado en la época de Diocleciano sin duda dio vía libre para que pudiera ser recreado en el arte a lo largo de los siglos, sin que ello supusiera un conflicto para la institución eclesiástica. Las representaciones medievales de un mártir de mediana edad y con barba, van dando paso a interpretaciones cada vez más erotizadas.

El santo se convierte en un bello joven imberbe, cuyo cuerpo desnudo inflama la sensualidad de quien lo contempla; las flechas parecen representar más el amor de Cupido que la muerte, y Sebastián en su agonía da más muestras de éxtasis y placer que de dolor. (Parker 2000, 636).Es así como la sensibilidad homoerótica se apropió del mártir, aunque no fuera de modo explícito, hasta el punto de que se ha llegado a considerar el santo patrón de los homosexuales. Algunos han visto en él a un joven delicado, andrógino y ligeramente afeminado. Otros lo han relacionado con la supuesta naturaleza sadomasoquista del homoerotismo. Hay quien ve en él un reflejo del martirio que sufre el homosexual en una sociedad que niega la legitimidad de su experiencia, o que lo ha considerado una muestra palpable de cómo éste se entrega al sufrimiento y al suicidio (Kaye, 1996, 87).

 San Sebastián Mártir

     El personaje que recrearon Derek Jarman y Paul Humfress en Sebastiane (1976), cinta emblemática en la subcultura gay, es la de un joven cristiano sensible, pacífico, casto y totalmente ajeno a los placeres a los que, en ausencia de mujeres, se entregan sus compañeros. Hay una clara reivindicación del amor profano: la cámara se recrea en escenas profundamente eróticas de los soldados desnudos cuando juegan en el agua, bromean, se asean o se ejercitan con las armas. Entre ellos hay una pareja perfectamente integrada en el grupo que vive su relación íntima sin presiones en contra.

Sebastiane

Imagen publicada por     http://3.bp.blogspot.com

     Pero cuando someten a Sebastián a martirio -por negarse a luchar y por no ceder a las pretensiones amorosas de su capitán, Severus- el homoerotismo de los soldados romanos queda en cierto modo cuestionado, ya que se asocia con la falta de valores y con la destrucción de la inocencia.

Es bastante paradójico que haya tomado tanto auge este mártir cristiano entre quienes precisamente estarían más motivados a trascender los valores que representa, para poder así aportar matices positivos a su propia orientación del deseo. A escritores como Federico García Lorca o Yukio Mishima les fascinó la iconografía del Santo, y la recrearon en sus obras. De Lorca conservamos varios dibujos sobre San Sebastián, y sabemos que tanto en su poesía juvenil como en su obra teatral El público, escrita en 1930, se manifiestan ciertos rasgos de sufrimiento que la crítica considera un reflejo de la homofobia internalizada (véase por ejemplo Jerez-Farrán 2006).Por su parte, Yukio Mishima se hizo fotografiar varias veces adoptando la pose del mártir, una de ellas pocos días antes de practicarse el seppuku (hara-kiri); esta fotografía en la que él asumía el papel de San Sebastián, junto con otras en las que se recreaba su propia muerte de distintas formas – en arenas movedizas, atropellado por un camión, con el cráneo destrozado por un hacha, clavándose una espada en el abdomen- formarían parte de una exposición fotográfica que debería inaugurarse después de su planeado suicidio, en un gesto enigmático que Vallejo-Nájera (1978,16) ha considerado un “alarde de narcisismo masoquista”.

Yukio Mishima - San Sebastian

      En última instancia lo que nos interesa recalcar aquí es la estrecha relación de este icono con la recreación en el dolor masoquista, la frustración del deseo, la muerte… y cómo estos rasgos se han filtrado, con frecuencia inadvertidamente, en la sensibilidad gay. En este sentido son reveladoras las reflexiones que, basadas en su propia experiencia, hace Richard Dyer (2002, 117) acerca de lo que él llama “el estereotipo del joven triste”: a través de la imaginería cristiana de Cristos y Mártires sufrientes, de la literatura romántica y de la representación traumatizante de la homosexualidad que difundía el cine de Hollywood de los años 50 y 60, este estereotipo tiñó de tristeza y melancolía la sensibilidad de toda una generación de jóvenes. Uno de los ejemplos que pone Dyer es el de Plato, el apesadumbrado estudiante que al final de Rebel Without a Cause (Rebelde sin causa) de Nicholas Ray (1955) provoca que la policía lo abata a tiros, en un incomprensible impulso autodestructivo.

Pero volviendo a la figura de San Sebastián, consideremos ahora el intrigante filme de 1959, Suddenly, Last Summer (De repente, el último verano), rodado por Joseph L. Mankiewicz y basado en la obra de teatro homónima de Tennessee Williams. El protagonista, que no por casualidad se llama Sebastián, ha muerto ya cuando se inicia el relato. Podemos adivinar su homosexualidad cuando contemplamos su habitación, decorada con el busto de un hombre desnudo y con un cuadro del martirio de San Sebastián, junto con libros y otros objetos que nos hablan de un joven culto y refinado. Pero no llegamos a verle nunca la cara. Cuando se le recuerda únicamente se nos muestran de él fragmentos de su cuerpo vestido de blanco, como si fuera un fantasma. La obstinación de su madre Violet en no querer reconocer la verdad sobre su hijo es la misma obstinación de la sociedad de la época en ocultar la existencia dela homosexualidad, y va en paralelo a la ausencia física del protagonista. El empeño irracional de Violet en que se le practique la lobotomía a su sobrina Catherine para silenciarla, constituye una crítica del dramaturgo a esta práctica quirúrgica que se empleó con bastante frecuencia hasta mediados de los años cincuenta en los Estados Unidos para “curar” la homosexualidad, y fue cayendo en descrédito en los sesenta y setenta.

Suddenly, Last Summer

      Poco a poco vamos conociendo más detalles. Averiguamos que Sebastián cada verano acude con su madre a cierto país de la costa mediterránea y que la usa como gancho para atraer a los hombres. Pero el último verano no viaja con su madre sino con su prima Catherine, quien asiste a la terrible muerte de Sebastián; ahora le es imposible recordar los detalles del suceso debido a la conmoción que ha sufrido y la tienen ingresada en un centro psiquiátrico. Cuando finalmente el psiquiatra va extrayendo mediante la hipnosis los dolorosos sucesos de la mente de Catherine y ésta pone en palabras sus imprecisos recuerdos, lo hace mediante un lenguaje onírico que no puede comprenderse en un sentido literal, sino que es necesario interpretar como si fuera un sueño; y esa es la tarea que Mankiewicz le plantea al espectador al final del filme.

 

Fuente: Empujados hacia la muerte.

Guiones trágicos para los hombres que aman a otros hombres. Por Miguel Arroyo Fernández, Investigador de la Facultad de Ciencias de la Información, Universidad Complutense de Madrid.


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