Jin Xing – Primera operación de cambio de sexo en China

474. Jin Xing

Julio 30, 2006

Jin Xing pasó de ser coronel a bailarina.

Por Alejandro Cruz  | LA NACION

Jin Xing nació en Guangdong, China. En 1984 se graduó en la Academia de Arte de la República Popular China. Fue coronel del Ejército Rojo. En 1985, realizó un performance en el que por primera vez un hombre bailaba en puntas de pie en su país. En 1988 partió hacia los Estados Unidos para estudiar danza contemporánea. En 1996 es nombrado director del Beijing Modern Dance Company. Dos años después, por su trabajo “Red and Black”, ganó el premio Wenhua que otorga el ministerio de cultura de su país.

En 1999, presenta su solo “The Last Red Butterfly”, en Londres y luego, en 2001, actúa en Alemania. Su carrera en la danza y en la coreografía se afirma, se proyecta. En ese sentido, sus dos presentaciones en la Bienal de Venecia fueron decisivas.

En medio de este recorrido, se produce un dato no menor: en 1998 cambia de sexo y, ya con su identidad femenina, funda su propia compañía de danza. “Al principio fue duro. Yo era una espina en el sistema, pero luché y luché. Quería existir; estaba determinada a ello. Ahora tengo la sensación de ser intocable”, declaró recientemente al diario El País, de España, a partir de la presentación que está realizando en Madrid de “Shanghai Beauty”, montaje que incluye varios solos de corte autobiográfico.

“Siempre he sido feliz y no lo he sido. Mi inspiración ha sido siempre femenina. Primero pensaba que tenía un cuerpo de hombre y mente de mujer. Después esto cambió. Otros amigos transexuales odian su cuerpo de hombre. Yo, no. Nunca he odiado mi cuerpo masculino; he disfrutado de mi parte masculina en la danza y en la vida. La comprensión de mi parte masculina es mi equilibrio. Mi caso en China no es algo mediático, sino cultural. La lucha por la libertad existe siempre en dos planos: en el corazón y en el sistema. Para mí hoy es importante hablar de la globalización en la danza. La cultura china está abierta a eso. Mi trabajo está en eje. No hago coreografías para el mundo de la danza, que es endogámico en sí mismo, sino para el espectador, para el público real”, agregó en ese mismo reportaje.

Su carta de presentación en Europa tuvo lugar en la Bienal de Venecia, tras pasar por los Estados Unidos y Alemania. En estos sitios es tratada como una diva. En 1991 obtuvo el premio como la mejor coreógrafa en el American Dance Festival, de Estados Unidos. Dos años después, fue designada por el Ministerio de Cultura de su país para introducir a sus jóvenes coreógrafos en la danza contemporánea.

Su libro “Quiero convertirme en bailarina. Nada llega por azar” ya fue traducido en diez idiomas. Su historia tiene todo para convertirla en un personaje mediático. Sin embargo, parece no ser su objetivo.

“No es fácil que Jin Xing conceda una entrevista. No quiere ser carne de escándalos ni materia de sensacionalismos. Le interesa la danza, la coreografía, la vida de los marginados, los dramas cotidianos que encierra la transexualidad. Vestida como una dama de Shanghai sin tiempo ni edad, con medias de cristal negras con costura y severos zapatos cerrados de tacón alto, Jin Xing cruza las piernas de lado y sonríe […]. En cierta forma, está fuera del mundo. Su espalda recta siempre revela una tensión, un alerta que sólo abandona con sus chispazos de humor ácido”, la describe Roger Salas, periodista de El País.

El primer contacto con la fama lo tuvo en su bar en Pekín, que llamó Mezzo Sogno (Medio Sueño). Al sitio iban políticos, intelectuales, artistas y la bohemia del momento. La atmósfera de cabaret la preparó para dar el salto a la danza. En ese terreno, estudió ballet clásico, danza tradicional china y danza moderna con Martha Graham y Merce Cunninghan. “Mi trabajo está en el eje: busco una comunicación escénica muy simple y directa entre dos culturas básicamente diversas”, le gusta decir a esta dama que ronda los 40 años, casada con un alemán.

En su despegue hacia la cultura europea conoció a la gran coreógrafa alemana Pina Bausch, quien, en varias oportunidades, declaró admirarla. En definitiva, un amor correspondido. “Mi admiración por Pina Bausch no comprende la imitación sino la comprensión. Imitar es lo fácil. Yo me empeño en mantener en mi trabajo la fuerza de la cultura oriental, no de parecerme a Sasha Waltz o Anne Teresa de Keersmaeker”, apunta sobre estas dos coreógrafas que han pasado por Buenos Aires dejando sus marcas.

De Piazzolla a Almodóvar

En su búsqueda, puede usar de base musical a Strauss, a melodías orientales o a Astor Piazzolla. De hecho, tiene un espectáculo llamado “Shanghai tango”, con música del creador de “Adiós nonino”. Es más, en  se puede ver unos tres minutos de este montaje en el cual se la ve bailar junto a su grupo en el siguiente enlace.

http://www.shanghaitango.com/html/agenda_en.htm

Jin Xing parece un personaje salido de una película de Pedro Almodóvar, por lo pronto, los dos aman a Pina Bausch. De hecho, en el reciente Festival Internacional de Cine de Shanghai, donde se presentó “Volver”, el último film del creador de “Todo sobre mi madre”, Agustín Almodóvar, hermano del director, se reunió con Jin Xing. Luego de ese encuentro, ella expresó el deseo de que aparezca un “Almodóvar chino”, porque el cine de su país, opinó, no rueda hacia Occidente o, si es crítico, lo hace al margen del gobierno y no llega a la gente.

En otro orden, o el mismo porque todo en ella parece estar entrelazado y en equilibrio, su caso también tiene un costado fuertemente político. Si la sociedad y las autoridades chinas admiten ahora abiertamente que la homosexualidad existe, parece ser que Jin Xing algo tuvo que ver. Por lo pronto, fue la primera persona en China que se sometió a una operación de cambio de sexo. O, al menos, fue el primer caso que tomó estado público.

“En Occidente, ser gay o transexual se pone en una misma mochila. Pero en Asia separamos los términos: un homosexual es homosexual y un transexual es un transexual. En mi caso, no pienso en esas cosas. Por supuesto que reconozco a los heterosexuales como a la gran mayoría, a los homosexuales como a un grupo más pequeño y a los transexuales como a un grupo minúsculo. Yo pertenezco a ese grupo diminuto”, dijo en un reportaje a la CNN.

Contra todo lo previsto, cuando le comunicó a su madre la decisión de cambiar de sexo, ella optó por esas respuestas que suelen darse en las series norteamericanas que retratan familias políticamente correctas y psicoanalizadas: “No importa si sos hombre o mujer, siempre vas a ser mi hijo”, cuenta ella que dijo su madre. “La gente debería tener la misma libertad para cambiar su cuerpo como sus ideas”, declaró entonces para asombro de sus compatriotas el ex soldado del Ejército Rojo y hoy bailarina internacional.

El cambio de sexo seguramente no debe haber sido un proceso fácil en ningún orden. Por lo pronto, de algo zafó: no tuvo que cambiarse de nombre porque Jin se usa tanto para hombres como para mujeres. “Estuve convencida siempre de tener razón, de ser una artista verdadera -dijo a El País refiriéndose a ese cambio-. Después de más de 10 años de lucha sé que esto es importante.”

Con respecto a ser considerada una heroína entre su gente, la bailarina piensa que probablemente, para mucha gente sí lo es. “Algunos me lo dicen, puedo ser la Estatua de la Libertad de China. Sé que soy un ejemplo, y el ámbito de la danza es estrecho para lo que represento en la sociedad actual. Para las nuevas generaciones, represento la voluntad de creer en la propia identidad.”.

 

Publicado en      http://www.lanacion.com.ar


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