Dos puntos de vista cristianos sobre el matrimonio homosexual

467. 1. Un punto de vista cristiano

Sobre el matrimonio homosexual: no existe el “estado laico”

 Por Jorge Himitián

Mayo 27, 2010

El vacío teológico o ideológico no existe. Todos tenemos un punto de partida, ciertos presupuestos básicos que creemos. Todos creemos algo. Aun el ateo tiene una creencia: cree que Dios no existe.

Los monoteístas creemos que hay un solo Dios verdadero, Creador y Señor del universo. Hay tres grandes religiones monoteístas: La judía, la cristiana y la musulmana.

El “Estado laico” no existe. No se puede vivir en sociedad a partir de la nada. A partir de un total vacío teológico o ideológico. Ese pretendido “Estado Laico”, es una falacia, una irrealidad. Pues siempre subyace una idea (ideología), o una creencia (teología), a partir de las que se establecen los criterios o parámetros válidos para la convivencia social.

Les guste o no a algunos, la Argentina pertenece a esta parte del mundo en la que la inmensa mayoría es cristiana, formada por católicos, evangélicos y ortodoxos.

Según una encuesta financiada por el FONCYT, el 85,5 % de la población argentina es cristiana (católicos 76,5% / evangélicos 9%). El 3,2% de otras religiones. Y el 11,3 %, indiferentes, agnósticos, ateos…

Silvina Premat, de la Redacción de LA NACION, dice: “En sintonía con los resultados que muestra la encuesta en los países de América Latina, el 80% de los argentinos se define como religioso y sólo un 2% señala que es ateo convencido. En nuestro país se advierte, además, una tendencia creciente de la religiosidad, al comparar los resultados con otros sondeos realizados en los últimos 20 años. En 1984, el 62% se proclamaba religioso, proporción que ahora creció al 80%. En ese período, los “ateos convencidos” bajaron del 5% al 2%”.

Los musulmanes son entre el 1% y el 1,5% de la población. Y los judíos entre 0,7% y el 1%.

Nuestra Constitución Nacional expresa claramente en su preámbulo: “…Invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia…”

Dios ha sido y es el punto de partida de nuestra Nación. Los cristianos somos una inmensa mayoría. Creemos en Dios. Creemos en su Hijo Jesucristo, nuestro Señor y Salvador.

Si bien reconocemos y aprobamos la separación saludable entre la Iglesia y el Estado, sin embargo, la gran mayoría de los argentinos (casi el 90%) creemos en Dios, y no aceptamos que un grupo extremadamente minoritario, e hiper activista, pretenda imponernos su “religión” laica, o agnóstica o atea, como punto de partida para legislar sobre la vida, la familia, el matrimonio, la adopción, la educación de los hijos, y otros temas similares.

Como creyentes afirmamos que Dios es la fuente de la verdad y la autoridad suprema a quien le debemos obediencia y respeto. Nuestro fundamento invariable es la Palabra de Dios, registrada en las Sagradas Escrituras (La Biblia).

Creemos y afirmamos que Dios es el Creador de todas las cosas. Él es el Creador del hombre, y él creó a cada ser humano varón o mujer. Esto lo confirma la genética, la biología, la fisiología y la anatomía de cada VARÓN y MUJER. No existe un gen para la homosexualidad, o se es varón o se es mujer.

Creemos y afirmamos que el MATRIMONIO es una institución divina, pues fue Dios quien lo instituyó. La Biblia declara: “Dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Génesis 2.24).

La institución del matrimonio es anterior a cualquier otra institución humana. Antes que existiera sociedad, estado o nación. El matrimonio es la unión estable y comprometida entre un HOMBRE y una MUJER.

Dios prohíbe terminantemente la unión sexual entre dos varones, o entre dos mujeres, y llama a esas uniones ABOMINACIÓN. (Levítico 18.22). En la Biblia hay muchos párrafos, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento, que confirman la reprobación total y enérgica de Dios a toda práctica homosexual.

Con todo, Dios instruye, prohíbe, pero no obliga. Si alguien no quiere vivir según la voluntad de Dios puede hacer con su vida lo que quiera. Aunque es importante tener en cuenta que un día todos deberemos comparecer ante el justo juicio de Dios.

Nosotros, al igual que Dios, respetamos las libertades individuales. Si alguien no cree en Dios, o cree a su manera, y quiere practicar la homosexualidad, vivir en pareja homosexual o lesbiana, tiene toda la libertad de hacerlo. Pero pretender que mediante las leyes de la Nación llamemos a eso matrimonio es un falta total de respeto, no solo a Dios, sino al 90% de los argentinos que creemos en Dios, y en la institución del matrimonio como Dios lo estableció.

Si los legisladores mediante algunas leyes quieren darle a esas parejas los beneficios económicos de un matrimonio, allá ellos. Pero por favor llámenlo “homomonio” o “gaymonio” o “lesbimonio” o inventen alguna palabra que describa esa relación homosexual, pero no cometan la torpeza grave de llamarlo matrimonio, ni unión civil, ni nada que se parezca.

Señores diputados que votaron a favor del matrimonio gay: Ustedes no se imaginan la tragedia social a la que están induciendo a la presente y a las futuras generaciones con la ley votada recientemente. Serán los responsables ante Dios y la posteridad de haber sido el punto de inflexión hacia la desintegración del fundamento ancestral del tejido social que es la familia.

La agenda de los homosexuales no termina aquí. Este es solo el primer paso. Sigue con la poligamia, el incesto, la zoofilia, la pedofilia, y otras perversiones por el estilo.

Si ustedes son cristianos, por lo demostrado, son muy ignorantes en cuanto al conocimiento de la Palabra de Dios. No los culpamos a ustedes sino a nosotros mismos, los pastores y sacerdotes por no haberles enseñado la doctrina cristiana debidamente. Y si, sabiendo la verdad, por razones políticas o intereses sectoriales votaron a favor del matrimonio gay, ustedes han cometido un gravísimo error.

Pero pueden arrepentirse, confesar sus pecados, y volverse a Dios. Él tendrá misericordia de ustedes y los perdonará, y les enseñara a legislar para el bien de toda la sociedad.

Señores senadores que votarán en los próximos días: Dios los ilumine. Ustedes pueden salvar a nuestro querido país de esta desgracia. En estos tiempos difíciles, les toca a ustedes mediante las leyes ser constructores de una sociedad sana, con valores morales y dignidad. Si son cristianos, fundamenten su voto en los principios sanos y eternos de las Sagradas Escrituras. Oramos por ustedes para que Dios les dé sabiduría, valor y los libre del mal.

Para concluir, una palabra a los homosexuales. Si vos sos homosexual, lesbiana, travesti o trans, queremos darte una palabra de parte del Señor. Dios te conoce muy bien, él es tu Creador, y te ama con todo su ser. Él conoce tus luchas, tu tristeza, tu historia, tus sufrimientos. Dios no te condena, te quiere ayudar. Él tiene un plan maravilloso para tu vida. Conocemos a muchas personas que al entregarse a Cristo y recibirlo como Señor de su vida, fueron perdonadas y sanadas en sus mentes, emociones y sentimientos, y comenzaron a vivir una nueva vida de acuerdo con el sexo que el Creador les dio. La Biblia dice: Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nueva (2 Corintios 5.17). Clamá a Dios. Él te responderá y te salvará. Cristo te hará una nueva persona. Estamos a tu disposición para ayudarte.

 

Publicado en http://devocionaldiario.org

Extraído de http://www.enmision.com.ar/

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467. 2. David Allen Richey

¿Por qué tengo que pronunciarme sobre el matrimonio gay?

Por el Pastor David Aaron Richey, fundador de Operation MOBILE International Churches Inc.

Junio 6, 2012

Es interesante para mí que uno de los más grandes estados en la Unión Americana, New York, ha legalizado recientemente el matrimonio de dos personas del mismo sexo. Hay mucho pecado en el mundo, y así como Dios, yo estoy en contra de todo ello, incluyendo a cualquiera que pueda operar dentro de mí.

Sin embargo, cuando algo tan profundo como esto ocurre en nuestra nación y no se escucha nada de la gente que invoca el nombre del Señor Jesús, eso me asusta.

No tengo miedo de muchos desastres que están ocurriendo simultáneamente en nuestro mundo. No tengo miedo de todas las guerras que se están llevando a cabo en casi cada continente del globo. Los accidentes nucleares potenciales alrededor del mundo, no me atemorizan.

Lo que me aterroriza son los buenos hombres y mujeres diciendo y haciendo nada cuando los políticos por quienes votamos, están decretando leyes morales que contradicen todo lo que un Dios Santo establece.

Si alguien quiere cometer un acto pervertido como es tener sexo con una persona del mismo sexo, entonces él o ella es un agente de moral libre, y no podemos detenerlo. Por el contrario, cuando los gobernantes de nuestra tierra, crean leyes que establecen que la perversión es legal, yo estoy legalmente en una posición de defender o explicar la perversión – o romper la ley (pervertir es usar algo para un propósito diferente para el que fue creado; Dios creó al hombre para la mujer y a la mujer para el hombre). Como un ministro ordenado, ¿ahora voy a tener que ir en contra de la ley y sujetarme al castigo por rehusar a casar a dos personas del mismo sexo?

Las libertades civiles – las cuales son, cómo los defensores de la legalización de la perversión, ya que están categorizando el matrimonio del mismo sexo – no deberían infringir las libertades civiles de otros ciudadanos. Yo tengo el derecho a vivir en una comunidad que no me obliga a estar de acuerdo con y defender los actos sexuales pervertidos entre dos personas.

Si alguien desea consentir la bestialidad, el sexo anal, la homosexualidad o cualquier otro acto sexual pervertido, ¿por qué tiene que hacerse una ley? Más importante, ¿por qué más del 50 por ciento de americanos han comprado la mentira de que tiene que ser legalizado?

Aún más importante, ¿por qué los líderes de la iglesia no se pronuncian en contra de la legalización de la inmortalidad? ¿Somos tan impotentes? ¿Estamos tan atemorizados por la oposición? ¿Sentimos que nos estamos pronunciando en contra de cierto grupo de personas? Señalar a un grupo de gente y decir que son más pecadores o que su pecado es más grande que el de otros, es totalmente erróneo. Pero nos quedarnos callados en contra de las leyes siendo cambiadas para sancionar la inmoralidad es nuestro deber y responsabilidad – ¡o necesitamos bajar y no predicar en contra de ningún pecado!

¡Tengo que pronunciarme en contra del pecado! ¿Y usted?

Publicado en:    http://totosalcedo.com


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