¡Un homosexual común sodomiza 108 varones al año!

417. La homosexualidad es curable

La ACI, Agencia Católica de Informaciones, con oficinas centrales en Lima, Perú publicó en su página, sin fecha, con firma de Guillermo C. Pérez, el artículo La homosexualidad, una anomalía curable del que se extrae sólo una parte porque parece increíble que provenga de una organización cuya misión, en sus propias palabras, es la de “difundir el Evangelio de la vida, el magisterio y las diferentes actividades que la iglesia realiza en el mundo en favor de la Nueva Evangelización y de la construcción de una sociedad justa y reconciliada”.

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       Según los estudiosos, el SIDA llegó a extenderse por toda Europa y América como consecuencia de las actividades sexuales de los gays y por ellos se extendió a otros segmentos de la población a causa de las prácticas bisexuales. La prensa omite las prácticas para no escandalizar a la gente, pero para mostraros a todos cómo la Iglesia nunca se ha equivocado en materia de fe y moral -que son inmutables y eternas, porque emanan de la Verdad-, y para que veáis las horribles consecuencias que acarrean estas prácticas para ellos, y para la sociedad entera, sumaré a mi exposición las estadísticas de Corey & Colmes:

a) Sexo oral: Practicado en un 100% de los casos; en muchos casos ingieren semen, que contiene los mismos gérmenes que la sangre, por tanto, es igual de peligroso que tragar sangre.

b) Sexo anal: Practicado en un 90%, con una media de 68 relaciones anales al año.Durante el acto, el recto es como un recipiente que mezcla saliva, heces fecales, semen, y todos los gérmenes que haya en ellos. La pared rectal tiene el grosor de una célula; el desgarro es frecuente, con lo que acuden todo tipo de contaminantes a la corriente sanguínea, con lo que se facilita la transmisión de la Hepatitis B, enfermedad que es transmitida fácilmente a gente inocente a través de los servicios de alimentación; ésa es una de las ocupaciones favoritas de los homosexuales, así que centenares de personas inocentes están expuestas a esa enfermedad a través de los alimentos.

c) Fisting: Es la práctica gay de introducir diversas clases de animales vivos y objetos en el ano. Con frecuencia son requeridos los servicios médicos para extraer esos objetos y a menudo los daños son difícilmente reparados por la cirugía.

d) Sexo fecal: el 80% de los homosexuales lo practican. Consiste, literalmente, en lamer el ano. Es la principal causa de hepatitis y de contagios parasitarios. Por ejemplo: Según el departamento de Sanidad Pública de San Francisco, entre el 70 y el 80% de los casos de hepatitis en esa ciudad se da entre homosexuales. La hepatitis es altamente contagiosa y se desarrolla en condiciones de escasa higiene. Mata a la mayoría de sus víctimas, pues destroza el hígado. Personas inocentes están en peligro por los homosexuales que trabajen en cocinas, de enfermeros o de camareros.

e) Sexo urinario: 29% de los homosexuales. Comúnmente llamado “lluvia dorada”. El homosexual es rociado y llega a beber orina, sustancia altamente tóxica cuyo consumo puede causa, eventualmente, la muerte.

f) Sadomasoquismo: 37% de los homosexuales. Consiste en infligir o recibir torturas para conseguir placer sexual. Muchas muertes por esta práctica han sido atribuidas a accidentes en grandes ciudades.

g) Encuentros sexuales anónimos: 41% de homosexuales en urinarios públicos y el 60% en baños públicos; el 64% admite consumir drogas durante esos encuentros.

       Según los últimos estudios médicos, un homosexual común sodomiza 108 varones al año, traga el semen de 48, permite que le penetren 68 e ingiere heces de 19 como media. El 85% de homosexuales contrae hepatitis, un 49% han sido infectados con parásitos intestinales (lombrices, gusanos, amebas….). A pesar de que esas infecciones intestinales y el SIDA no se solían dar más que en naciones subdesarrolladas, el 83 % de los casos de SIDA en 1992 en EEUU se dio en homosexuales y bisexuales. Los bisexuales transmiten a otras mujeres esas enfermedades y ellas a sus hijos o a otros hombres, extendiéndose así por toda la sociedad. Con el daño infligido al propio cuerpo por la antinatural actividad homosexual, proliferan todo tipo de agentes patógenos, constituyendo un serio y grave peligro para la salud pública.

      Según los estudios del doctor P. Cameron: El promedio para la muerte de un hombre blanco casado es de 75 años, en cambio para un gay, la media está en 42 años, y sólo el 9% llega a sobrepasar los 65 años.

     El promedio de vida de una mujer blanca casada es de 79 años, mientras que en lesbianas el promedio es de 45 años, de las cuales sobrepasan los 65 años tan sólo el 24%.

     Los gays tienen 102 veces más posibilidades de ser asesinados, generalmente por otros gays; cometen suicidio 25 veces más a menudo y tienen un promedio de accidentes de tráfico de 19 veces más. Todo esto es un reflejo de sus serios problemas emocionales.

 El 21% de las lesbianas mueren por asesinato, suicidio o accidente, es decir, un promedio 534 veces mayor que el de las mujeres heterosexuales.

    La gran mayoría de asesinos en serie son gays: Wayne Williams (asesino de niños), John Wayne Gacy, etc.

        Ya que la homosexualidad es curable, es un deber social y moral intentar ayudar a estas personas, que además suelen ser personas carentes de autoestima y que han padecido un desarrollo lleno de frustraciones. Sería una falta de amor al prójimo quedar impasible viendo cómo los oportunistas, sin ninguna ética ni moral, fomentan esa conducta y el llamado “orgullo gay” para ascender y estar bien vistos en una sociedad en que lo feo, lo mediocre y lo burdo están cada vez más de moda frente a lo decente, lo sublime y lo bello. Muchas veces, un egoísmo e individualismo hedonista son el combustible de estas tendencias desviadas, pues quien tiene un defecto y es un arrogante y un soberbio, no quiere ayuda y con frecuencia persevera en su desgracia, degradando su propia persona y corrompiendo al resto; sin embargo, no falta quien es humilde y abierto, y no cuesta ningún trabajo ayudarle con un pequeño esfuerzo de comprensión y amor, aunque también hay que reconocer que es necesario algo de perseverancia. Por otro lado, en muchas ocasiones, el llamado “orgullo gay” tiende a desviar a otras personas que no son homosexuales, sino que sólo son sensibles, y por ser personas demasiado inseguras, les hacen creer que son homosexuales y los arrastran también al agujero.

         Ya sabemos que la homosexualidad es una anomalía, y en algunos casos una perversión, pero es curable; en nuestras manos está ayudarles a integrarse socialmente como personas normales, o, por el contrario, dejar que esta lacra continúe extendiéndose, dañando, con sus consecuencias, a cientos y cientos de personas inocentes, hasta demoler completamente, con todas las enfermedades y abominaciones que acarrea, todas aquellas cosas a las que el ser humano debe su condición de persona. Sí, en nuestras manos está despreciar a esos pobres desdichados no teniendo en cuenta su condición humana, o en cambio respetarles, como personas que son, y ayudarles, y con eso hacer un inmenso favor a toda la humanidad. Si obramos bien, Dios también nos lo agradecerá.

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      Se podrían subrayar las frases más controversiales pero, ¿quedaría algo libre de este  texto?

Si algún lector homosexual quedó fuera de estas “escalofriantes estadísticas”, es decir, si no tiene SIDA, hepatitis o lombrices, si pasa de los 40 años y no ha sido asesinado ¿? o si no ha cometido suicidio por estar altamente inseguro, frustrado y con una autoestima por los suelos, si no siente hoy la necesidad de matar a alguien “en serie” (¿Y Hannibal Lecter?) y si no ha sodomizado sus 108 hombres reglamentarios al año,  ¡PREOCÚPESE! porque usted no pertenece a este abominable grupo de desdichados.

Lo único rescatable de todo esto es poder constatar la libertad de expresión que todos los hombres tenemos y que nos permite dejar constancia escrita  de la capacidad intelectual que cada uno tiene… aunque a veces ésta sea muy corta o casi nula.


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