El asesinato de Octavio Acuña o “Nuestra conciencia apuñalada”

407. 1. Octavio Acuña

Octavio Acuña

Imagen: Libertad de Palabra

      Octavio Acuña Rubio nació en el estado de Zacatecas, el 29 de mayo de 1977, sin embargo, por motivos personales emigró a la ciudad de Querétaro, donde conocería su pasión, a sus verdaderos amigos, a Martín, su compañero de vida y donde, irónicamente, también encontraría la muerte.

Estudió psicología clínica en la Universidad Autónoma de Querétaro, además, contaba con una maestría en psicoterapia Gestalt. Al momento de su muerte, cursaba la maestría en psicología clínica. Entre las muchas asociaciones de las que llegó a formar parte a pesar de su corta, pero fructífera labor a favor de los derechos de los homosexuales en Querétaro, se encontraban la red estatal de Democracia y Sexualidad (DEMYSEX) y la Asociación Queretana de Educación para las Sexualidades Humanas (AQUESEX).

En su carrera como activista y defensor de los derechos de gays y lesbianas, Octavio impulsó diversas campañas, casi siempre dirigidas a la población de Hombres que tienen Sexo con Hombres (HSH). Su trabajo le valió el reconocimiento de muchas organizaciones de derechos humanos, de lucha contra el SIDA y de todas aquellas que buscaban mejorar la situación de los gays.

A él se le debe la primera marcha gay realizada en Querétaro, donde hizo lo que siempre lo caracterizó: denunciar los abusos a los que la comunidad gay de ese estado estaba –y sigue estando- sometida y demandar derechos. “Esta marcha es una manifestación que busca el diálogo con las autoridades para que reconozcan a las organizaciones civiles que trabajan con la diversidad sexual”, comentó en aquella ocasión.

Por otro lado, preocupado por la prevención del VIH, Acuña atendía una condonería, que además fungía como centro de educación donde la gente se informaba sobre aspectos de salud sexual y prevención de enfermedades sexualmente transmisibles. El nombre del lugar iba acorde con su estilo de vida, tranquilo, seguro y feliz: De Colores.

Sus logros fueron reconocidos en muchas ocasiones, tal vez el más importante fue el que obtuvo por parte de la Fundación Semillas, la cual le otorgaría una beca para la realización de un proyecto sobre prevención del VIH hacia la comunidad gay queretana, en particular, a la población de HSH.

 El principio del ocaso

Fue el 17 de septiembre de 2004, a la una de la mañana, el día que Octavio y Martín paseaban por el Jardín Guerrero, uno de los principales de Querétaro, cuando se detuvieron a platicar en una banca cuando dos policías se les acercaron y les dijeron que se retiraran, “de una manera muy prepotente y homofóbica”, recuerda Martín Romero, pareja de Octavio por más de siete años, bajo el argumento de que habían “lugares especiales” para personas como ellos y que por eso no podían estar allí.

Octavio denunció el hecho ante la Comisión de Derechos Humanos de Querétaro, la cual estuvo renuente a recibirla y posteriormente la rechazaría. Ante la negativa, decidió acudir a la instancia federal: la Comisión Nacional de Derechos Humanos; el resultado fue el mismo. Argumentando la falta de interés de los demandantes (en este caso, Octavio y Martín), la queja recibió el mismo trato que reciben muchas otras en México: el temido y cada vez más frecuente carpetazo.

Una semana antes de su muerte, Octavio se presentó durante una conferencia otorgada por la activista Marta Lamas. Ahí, pidió la palabra y expuso su caso, se notaba visiblemente atribulado: reclamó la falta de atención de las autoridades a las que pidió ayuda. “Valemos madre”, llegó a decir.

Lamas sólo atinó a contestarle: “La primera vez vas con una sonrisa, la segunda vas sin la sonrisa, la tercera vas a exigir”. Y días después, el 21 de junio de 2005, el cuerpo de Octavio era encontrado desangrado en las instalaciones de la condonería, con seis puñaladas en el cuerpo, una de ellas certera, en el corazón, el mismo que definió su carácter, su conducta y su accionar por la vida.

Las investigaciones del caso no serían normales. Por un lado, se dio a conocer que ya antes la condonería había sufrido dos ataques. Primero, había sido pintada la fachada del lugar y dañado un letrero de color neón y meses antes, asaltaron el local.

Incluso, el ministerio público utilizó el consabido recurso que se suele usar en este tipo de crímenes: el pasional. Martín fue abordado con preguntas lastimeras, vergonzosas, con la única intención de inculparlo, situación que “terminó” cuando llegaron cartas de diversas organizaciones no gubernamentales, incluida Amnistía Internacional, dirigidas al gobierno de la entidad exigiendo una ardua investigación del asesinato, liberando de toda culpa a su pareja.

Organizaciones como la Comisión Ciudadana contra los Crímenes de Odio por Homofobia (CCCCOH) y la Comisión Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED) también han alzado la voz en torno al pronto esclarecimiento de este crimen. Sin embargo, las investigaciones están empantanadas y nada parece indicar que llegará a una buena resolución del caso.

 El precio del silencio

Más que aquel activista que procuró su vida y su tiempo por ayudar a los jóvenes homosexuales queretanos a aceptarse y defenderse de los ataques de una sociedad conservadora, Octavio Acuña cumplió cabalmente con los papeles que la vida le otorgó: amigo, pareja y profesionista responsable.

Merari Carrasco, coordinadora de AQUESEX y una de las mejores amigas de Octavio, recuerda el momento en el cual lo conoció: “Lo conocí en la Universidad, yo apenas estaba comenzando la carrera y él ya estaba a punto de terminar y nuestra relación era de ‘¿Qué onda?’ y nada más. Cuando nos volvimos amiguísimos fue cuando yo entro a AQUESEX. Yo entro a la carrera en el 2000 y por el 2001 o 2002 entro a AQUESEX como prestadora de servicio social y para el año siguiente se consolida una amistad junto con los proyectos que se venían trabajando tiempo atrás. Más que los colegas, más que los compañeros de trabajo, realmente éramos muy amigos.”

Para ella, fue muy difícil enterarse del suceso: “Me habló Elizabeth Contreras (directora de AQUESEX) diciéndome que algo había pasado en la condonería. No quise preguntar más. Me fui. Me encuentro a mi mamá en el trayecto. No tenía ni 10 minutos de camino cuando vuelve a sonar mi teléfono y me acuerdo muy bien porque me lo dijo de tajo: ‘Octavio está muerto’ y me puse a hablar a todos los conocidos para darles la mala noticia”.

Al recordarlo, Merari llora, y es que afirma que es difícil olvidarse del amigo, colega y compañero. Incluso, hay ocasiones en que ella habla en presente cuando se refiere a Octavio. Al notarlo, se disculpa: “Es que no me puedo resignar a que ya no está. Es complicado a veces hablar del pasado. Vamos a cumplir un año de esto, en el cual viene la resaca de sentimientos y emociones que necesitas sacar.”

Antonio Medina, coordinador de la agencia NotieSe, también convivió mucho con Octavio, y así lo recuerda: “Era un joven muy inquieto, que todo el tiempo trataba de explicarse cosas. Recuerdo que tartamudeaba mucho, pero fue por el simple hecho de que quería decir mucho. Esa cuestión de su habla decía mucho de cómo él quería decir todo, en un instante. Llegábamos a tener llamadas telefónicas muy largas y costosas para él o para mí, porque era un mundo de cuestionamientos. Tenía un ímpetu personal de seguir adelante en su lucha, en lo que él estaba convencido”.

Esa misma inquietud lo llevó a defender sus ideales, a nunca quedarse callado mismo por los que tenía que pagar un precio: “Nosotros no nos esperábamos que el costo por defender los ideales fuera tan alto. Desde chica sé que cuando dices lo que piensas hay que pagar un precio, pero no se me hace justo (en el contexto de que no tiene significado la justicia) que la vida de Octavio haya sido ese precio”, Merari increpa.

Incluso, a Medina le dio mucho gusto el hecho de que Octavio haya sido honrado con la beca de la Fundación Semillas: “Eso no es muy sencillo, ni Letra S, con la experiencia que tenemos, nos la han dado. A él se lo dieron por que era bastante bueno lo que estaba proponiendo. Quien tiene la beca Semillas es alguien que tiene cosas buenas qué decir y qué hacer”.

Algunos connotados periodistas también se han dado tiempo para hablar del activista. Por ejemplo, Carlos Monsiváis, quien incluso motivó la realización de un documental que sirviera para tener un testimonio del caso. Como Merari, Mosiváis cree que a Octavio lo mataron para silenciarlo: “Si Octavio murió fue por decir lo que pensaba y por actuar consecuentemente con lo que pensaba”.

Lydia Cacho también escribió un artículo en donde definió a Octavio como un joven “educado, buen amigo, lo que se dice un buen ciudadano mexicano que con su trabajo cotidiano formó a miles de jóvenes en la responsabilidad y el amor al prójimo”.

407. Asesinato de Octavio Acuña

 

Publicado en      http://ombudsgay.wordpress.com


Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s