Lima – Gay Night

405. Lima gay

Marzo 13, 2005

Por Sandro Mairata.

 

En una Lima que se debate entre la intolerancia más necia y la apertura más cosmopolita hacia los homosexuales, un circuito cada vez más extenso de saunas, hoteles y, sobre todo, discotecas les abre sus puertas. Unos con disimulo, otros con desenfado, los gays se integran a nuestras vidas sin que ya (casi) nadie les pida dejar de ser ellos mismos.

Nunca ha habido nada tan gay como ser fan de Thalía. En eso pienso cuando el muchacho que aguarda por mí a la entrada de un pasillo con un chisguete en la mano me pregunta:

–¿Te puedo dar un masaje?

Por supuesto que no quiero un masaje suyo. En los baños turcos Tivoli, cuadra cuarenta de la Petit Thouars, la pregunta más recurrente es si “esta es tu primera vez”. No lo pregunta la mujer del mostrador, que solo toma mi nombre falso y me entrega la llave del casillero. En cambio el chico que me alcanza las sandalias y las toallas blancas con una “T” bordada me escanea en vertical y quiebra sus labios cuando se aventura.

–¿Es tu primera vez?

Ya entre los casilleros, ¿qué opciones tiene uno? Mientras me desnudo –no muy rápido, tampoco lento– veo que un gordo treintón de rasgos chinos me pega la mirada. Qué me miras, huevón. Le sonrío pensando en arroz con leche, mi dulce favorito. Es lo primero que se me ocurre –y es bien gay, para colmo– en mi desesperación por simular comodidad entre hombres que se desean un domingo a las diez de la noche. Pensaba que este era un baño turco disimulado hasta que un gringo alto, barrigón, depilado de pies a cabeza, calvo, con tatuajes de espinas en brazos y pantorrillas le dio un besito fugaz de despedida a un chato musculoso, que, por lo que parece, acababa de conocer.

En un televisor de esquina, encima de una barra, Thalía canta algo sobre el amor a la mexicana. Una canción sobre el macho ideal a lo Jorge Negrete, a lo Pedro Infante, ambos actores alguna vez acusados de ser gays. Tequila, tabaco y ron. El coro de esta noche son seis hombres que no llegan a los veinticinco, uno de ellos tan emocionado que, en las líneas de “tu pasión yo quiero / dame más yo quiero”, ondea el torso y eleva los brazos acariciando el aire sobre sí.

–Por este corredor vas a las salas de masaje –me interrumpe el amigo del chisguete–. Esos cuartos de madera por allá son para el masaje con servicio –hace una pausa que dejo ir–, y este es el gimnasio, más duchas, la cámara seca y la de vapor –ambas completamente a oscuras, como veré después–. Al fondo hay más duchas y la sala de video. Si me necesitas, me llamas nomás.

La sala de video es una ex sala de sauna con un televisor que provee la única luz. Dos señores recostados y separados contemplan a dos tipos musculosos que, sin decirse que se aman, se acarician… Permiso, prefiero sudar en otro lado.

En otro sauna, el Oupen Sauna de Miraflores, me recibe una enorme reproducción masculina en yeso. Torso viril leo en la escultura. “Se puede ver acción en los cuartos comunes”, prometía mi guía Web. No tendré esa dudosa suerte esta noche.

Ciudad de reinas

Cuántos homosexuales peruanos existen no es una cifra que figure en estadísticas oficiales, y a muchos de ellos no les gustaría estar incluidos en ellas. No importa tener ganada una profesión o ser querido en el barrio o círculo íntimo más cercano. Para buena parte de la gente, ser homosexual aún es un factor de exclusión social.

Sobre esto y sobre la esperable “visibilización” (“salida del clóset”) de un importante político conocido como ‘La Tota’, converso con ‘Carlos’ en el Downtown-Vale Todo, “lo mejor de la escena gay limeña”, según el sitio Web peruesgay.com., claro que lo mismo no dirá Christian Olivera, el joven violentado el sábado pasado por, supuestamente, haber fumado mariguana. En la barra, Eduardo Blume, el directivo de Vía Libre y feroz defensor de la distribución profiláctica por doquier, conversa con dos amigos.

Karen Dejo se deja ver esta noche vestida en apretadísimo blanco, la larga melena negra brotándole hasta los hombros. Ha llegado con un amigo de polo manga cero. Es noche de sábado en Miraflores. Antes y después de la juerga, las almas solas y las que acuden con resguardo apuran algo de comer en La Casita, durante el día un punto de merienda familiar, tradicional y perfectamente heterosexual.

“Déjame explicarte sobre la movida gay en Lima”, prosigue Carlos, que no quiere dar más señas. “Yo la dividiría en dos polos: Miraflores y Centro de Lima. Entre las discotecas de Miraflores tienes La Sede –que es más abierta, va medio mundo–, el Legendaris y el Vale Todo. En Lima está Sagitario y ya paras de contar”.

No es tan cierto el dato. En San Borja figura la discoteca La Cueva, reseñada por Peruesgay.com como “un Perseo mejorado” (“Perseo fue la discoteca más importante de los 80 y La Cueva heredó su público”), y Comas saca pecho con Kápital (“Si hablamos de Lunes de Ambiente, mucha gente te responderá: Kápital”) o el Muelle Inn. También en Canto Grande hay gran acción en la zona de Canto Rey.

“Y deberías ir a los saunas”, interviene Néstor, quien comparte su vida de estudiante con el liderazgo de un movimiento para ‘visibilizar’ universitarios. En su página, http://www.geocities.com/gpuc hay desde una guía para autoaceptarse hasta un manual explícito para el sexo entre varones. No le digo a Néstor que ya sé de los saunas para tener un testimonio más fresco. Luego vuelvo a curiosear en Gpuc y en Gayperú.com, otra conocida guía. “Nunca des un beso negro a menos que estés seguro de tu pareja”, se lee en una de ellas.

Amores platónicos

¿Qué hay en común entre los encuentros de Platón y sus alumnos y las supuestas fiestas sexuales –tan discutidas en la prensa chicha– que Ernesto Pimentel, la Chola Chabuca, organizaba en su casa? La discreción. No cámaras, no registros, ni siquiera los celulares sospechosos de contener el sospechoso lentecito de un megapíxel. En cualquier discoteca “de ambiente” son confiscados.

No así en las inmediaciones del Parque Kennedy de Miraflores, o en los accesos del cine El Pacífico. “La calle Tarata, entre la avenida Larco y la calle Miraflores es también muy frecuentada, en especial en las noches, por gente gay y mujeres lesb, así como las bancas que están enfrente de la Iglesia de la Virgen Milagrosa”, dice http://vikingos.tripod.com/limaq.html Falso o no, esta guía también asegura que “no debes dejar de visitar” los cafés Haití y Café Café.

Termino mi primera y única cerveza antes de ingresar al Noxiz Esoteric Bar (donde acuden G, L, B&S, según Peruesgay.com), en la calle Manuel Bonilla, otra vez Miraflores. Una mujer duende gigantesca pintada en la pared me ha visto recorrer los sillones negros y el segundo piso flanqueado por cortinas de blanco transparente mientras los concurrentes, todos jóvenes, todos sofisticados, apenas alguna caricia, uno que otro beso, se limitan a conversar. Es bien aburrido de mirar, distinto a la tensión adentro de Downtown, donde ha llegado Maribel Velarde con el pelo amarillísimo, un traje de cuerina rojiza ceñido con una abertura flagrante en el abultado pecho y también un acompañante más concentrado en el musculoso bailarín en hilo dental y lentes oscuros que se mueve en un altillo. Cuando varios travestis en lentejuelas terminan su show, pido en la puerta que me sellen. De repente vuelva, de repente no.

Una vecina del Domeyer Hostel, en la cuadra dos de la calle homónima en Barranco, me dice que cuando el local comenzó a operar todo parecía normal. Fue su hijita, por Dios, la que se dio cuenta. Esa pareja camina medio raro. Esas chicas son bien bonitas, ¿por qué van abrazadas? ¡Se están besando! “Ahora ella es la que se ríe cuando los ve llegar. Hasta pensamos que tú eras un cliente cuando te vimos ahí afuera”. De inmediato nació la necesaria unión vecinal, pensaron en mandarle cartas al alcalde, pero desistieron. “La verdad es que no hacen escándalo. Solo los vemos llegar, lo que pase dentro es cosa de ellos”.

Domeyer Hostel es el más abierto de los hospedajes “gay-friendly” (receptivos con gente gay). Eso da entender su publicidad, en la cual dos hombres de torso desnudo acompañan la leyenda “ven y disfruta de nuestro ambiente acogedor”. El tipo de la recepción lo niega. “Por ejemplo, hoy tenemos a belgas y colombianos y no son parejas gays”. De todas formas, con cuartos entre 20 y 60 dólares no es un lugar para todos. Aunque sí para Tito y Ernesto, que vinieron a pasar la noche aquí poco después de conocerlos en el Vale Todo. Me dijeron que se despertaron como nuevos, aunque con algo de resaca. Se vistieron y se fueron a casa. Para seguir siendo limeños. Y muy felices.

http://www.larepublica.pe/13-03-2005/lima-gay-night


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