El asesino serial de homosexuales que fue condenado a más de 100 años de prisión – México

347. 128 años de prisión a asesino serial

Nombre: Raúl Osiel Marroquín Reyes

Nacimiento: 1981, Tampico

Nacionalidad: Mexicana

 

Raúl Osiel Marroquín Reyes (nacido en 1981, en Tampico, Tamaulipas) fue un asesino en serie mexicano responsable de 6 secuestros, 4 de ellos acabaron con la muerte de sus víctimas, perpetrados entre el 21 de enero y el 22 de diciembre del 2005, en Cd. de México. Todas sus víctimas fueron hombres homosexuales. Se ha convertido en un símbolo de la homofobia en México.

 Su vida anterior a los crímenes

Marroquín Reyes cursó un año de la carrera de médico militar y fue miembro del ejército mexicano durante cuatro años, con el grado de Sargento Primero, pero causó baja. Estuvo preso en Tampico durante 14 meses bajó el cargo de robo violento.

 Perfil psiquiátrico

Sus crímenes tuvieron muchas similitudes a los del asesino en serie estadounidense John Wayne Gacy, siendo el móvil un poco diferente: Gacy asesinaba a sus víctimas debido a una represión de su propia homosexualidad que proyectaba hacia los demás (se sentía atraído hacia ellos, razón por la cual los culpaba de su homosexualidad). En cambio, Marroquín, a pesar de que sus crímenes también poseían marcados rasgos homoeróticos (el mismo Marroquín declaró no ser homosexual, pero su conducta denota marcados rasgos de esta índole), se puede apreciar en él a un sociópata o psicópata dentro de un marco socio-cultural que, de una u otra forma, le dio un escaparate para su violencia contenida, dirigiéndola hacia una minoría, (la sociedad mexicana, así como todas las sociedades latinoamericanas, es marcadamente homofóbica).

Tras su detención, Marroquín declararía no ser homofóbico (aunque esta aseveración se contradecía por otras hechas por el homicida, en donde se refiere a los gays como “un mal para la sociedad”) y que la razón principal de que fueran hombres homosexuales sus víctimas era porque estas personas resultaban más fáciles de plagiar. Esta fue la declaración que hizo al ser cuestionado sobre su patrón:

 “…por no batallar en operaciones que implicaran armas y vehículos, tan sólo bastaba con ir a los lugares que ellos frecuentaban y ellos solos me abordaban, se me hacía más fácil tratar a esas víctimas.” (Osiel Marroquín, Raúl, 2006)

Carecía de empatía y cosificaba a las personas a su alrededor. Tras ser detenido se le preguntó que si no se sentía mal por los familiares de las personas que asesinó (ya que obviamente les había quitado todo valor humano a sus víctimas), él respondió:

 “Nunca he pensado en ellos.” (Osiel Marroquín, Raúl, 2006)

Se mostraba reacio a someterse a las normas sociales y, obviamente, esto lo hacía proclive a la desviación y la criminalidad. Carecía de culpa y no aceptaba la responsabilidad sobre sus actos. Racionalizaba sus actos y poseía una autoestima inflada. El ejemplo más claro de esto fue el expresar que sus crímenes fueron un bien para la sociedad:

 “Hasta le hice un bien a la sociedad, pues esa gente hace que se maleé la infancia…” (Osiel Marroquín, Raúl, 2006)

 “Una de mis víctimas era portador de VIH, y de cierta manera, evité la propagación del virus…” (Osiel Marroquín, Raúl, 2006)

El que justificara sus actos como correctos nos habla de su autoestima inflada, se veía a sí mismo como un benefactor de la sociedad (“un ángel exterminador”). Esto indica también una sobrevaloración de sí mismo (narcisismo), lo que es indicio de un desarrollo psicosexual deficiente y una inmadurez del desarrollo psico-afectivo; según Robert D. Keppel y William J. Birnes, esto es un trastorno del desarrollo psico-afectivo, es la principal causa de la conducta de un asesino serial.

Estas declaraciones también nos hablan de un distanciamiento de la realidad. Creía que sus actos tenían una justificación moral, aunque era plenamente consciente de las implicaciones éticas y jurídicas de sus actos, pensaba que ante la sociedad sus delitos eran menores y hasta justificables. Según Joel Norris en su libro “Serial killers”, este proceso (el distanciamiento de la realidad) corresponde a la primer fase conductual de un asesino serial.

Era proclive a las perversiones sexuales. Se sentía atraído y se encontraba en constante búsqueda de emociones fuertes; lo que también junto con la ausencia de empatía, el egocentrismo y la incapacidad de aceptar la responsabilidad de sus actos, lo hacían proclive a la desviación, el crimen y las parafilias.

Era megalómano. Su atracción patológica se aprecia claramente en la tortura que sometía a sus víctimas: al torturar se busca quebrar la voluntad del individuo despojarlo de su calidad humana, y así hasta tener poder absoluto, sobre dicha persona.

Era carismático, atractivo y manipulador. Era violento y sufría de explosiones de ira. Poseía un estilo de vida parasitario.

Su carrera criminal la inició como un asaltante, su motivación fue monetaria (su constante búsqueda de emociones intensas y su atracción patológica por el poder (megalomanía), también fueron detonantes para su conducta delictiva); posteriormente, de igual forma motivado por los mismos factores, evolucionó al secuestro, Marroquín fue una de las muchas personas en México que vieron en el secuestro una actividad muy lucrativa (porque en muchos de los casos ya había cobrado el dinero del rescate antes de asesinar a su víctima), y finalmente al homicidio. Como producto de su actividad como secuestrador obtuvo un total de 109 mil pesos (poco más de 10,000.00 dólares).

 Crímenes. Modus operandi

Atraía a sus víctimas, (a quienes conocía en un famoso bar gay, llamado el “Cabaretito” o “Neón” ubicado en la Zona Rosa, en la Col. Juárez, Delegación Cuauhtémoc de la Cd. de México), con propuestas sentimentales y/o eróticas; los invitaba a su casa ubicada en el 4223 de la Av. Andrés Molina Enríquez, en la Col. Asturias, delegación Venustiano Carranza, también de la Cd. de México, o a algún hotel en donde, dependiendo si  contaban con los recursos económicos,  los secuestraban. Contaba con la ayuda de un cómplice: Juan Enrique Madrid.

A los hombres que plagiaba los sometía a tortura (de ahí su apodo) tenía un especial predilección por sofocar a sus víctimas, antes de matarlas las asfixiaba hasta que perdiera el conocimiento, una vez que volvían en sí las volvía a asfixiar, y así una y otra vez.

Pedía el rescate a los allegados  e independientemente, de que pagaran o no, asesinaba a su rehén por asfixia o estrangulación. Posteriormente, abandonaba los cadáveres en distintos lugares de la ciudad.

 Víctimas

Asesinadas:

v  Jonathan Razo Ayala

v  Ricardo López Hernández

v  Armando Rivas Pérez

v  Víctor Ángel Iván Gutiérrez Balderas

Solamente secuestradas:

  • Juan Carlos Alfaro Alba
  • José Ricardo Galindo Valdés

 Aprehensión y condena

Fue arrestado por la PGR, el 23 de enero del 2006, en la Cd. de México, junto con su cómplice. Fue condenado a 147 años de prisión*, el 4 de septiembre de 2008.

Posterior a su detención declaró:

 “No me arrepiento de lo que hice… De tener la oportunidad lo volvería a hacer, solo que sería más cuidadoso para no ser atrapado y no cometería los mismos errores que llevaron a mi captura… De lo único que me arrepiento es por lo que está pasando mi familia ahora…” (Osiel Marroquín, Raúl. 2006)

*Según El Universal y 285 años según Milenio

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Ra%C3%BAl_Osiel_Marroqu%C3%ADn

http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/deed.es

347. Los titulares

 Titulares acordes al “profesionalismo” de la prensa amarillista


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