Prostitución masculina

297. Prostitución masculina

Por Mónica Carrión Herrera

Abril 28, 2003

– ¡Hola! -contestó una voz masculina al marcar el número celular que aparecía en el clasificado “Universitarios ofrecen compañía”.

– ¡Hola, que tal! Queremos contratar tus servicios, tenemos una despedida de soltera.

– Ah lo que tu quieres son strippers.

– Sí eso es, ¿qué ofreces?

– Lo que quieran, somos 3 y hacemos de todo, cobramos dependiendo del servicio.

– Bueno pero tengo que verlos primero.

– Claro podemos vernos en la Zona Rosa en Hamburgo y Génova dentro de… una hora si quieres.

Ya en el lugar acordado… aparecieron ataviados en forma casual, jeans y camisa de manga corta, no guapo ni con cuerpo musculoso, pero sonreían y parecía que disfrutaban este tipo de encuentros.

– ¿Entonces van a tener una fiesta? – dijo “el carita” como lo apodaban sus compañeros.

– Si… ¿ustedes bailan?

– Bueno pues nosotros les daremos compañía y sexo. – dijo sin reparo

– ¿Y cuánto cobran?

– Sólo 800 pesos por hora. – pero hacemos lo que ustedes quieran – continuó.

– Ahora que si van a querer tiempo completo podemos ajustarnos.

 

Así de sencillo, puedes contratar prostitutos, van desde clasificados en periódicos donde puedes encontrar mínimo 10 anuncios de hombres de entre 15 y 30 años que ofrecen sus servicios, veladamente como compañía, masajistas o strippers, pero esperando vender sexo; los que se anuncian en internet, los que se ubican en las calles, los sexoservidores con efigie de mujer, y hasta los llamados “güachos” que son soldados que se ubican cerca de zonas militares. Manejan diferentes tarifas, tan disparadas que van de los 300 a 2000 mil pesos, pero todos desafían el riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual, violencia, además de corrupción y extorsión, tanto de los llamados “padrotes” y de las autoridades.

Jerry, stripper, aseguró que de las 20 llamadas que recibe a la semana sólo dos son mujeres, es decir el 10 % se trata de clientes femeninos, el 90% restante son hombres; y para no “quedarse sin comer” dice que le es preciso acceder a dar servicio a hombres por la falta de mujeres que se animen a contratarlo.

El tipo de clientes que reciben los que ejercen la prostitución masculina es grande y variado, hay para todas, todos y para todos los bolsillos, desde gente con pocos recursos hasta profesionistas, empresarios, políticos, funcionarios públicos, la farándula y hasta los religiosos. Mujeres claro, pero los más son hombres, muchos casados que se dicen heterosexuales, otros gays de closet.

“Viene gente humilde y también de dinero; gente importante como diputados. No vienen mujeres, solo una pareja que al hombre le gusta que la mujer tenga sexo con uno frente a él. Mientras paguen, hago lo que me pidan, pero cobro por adelantado”, dice Freddy quien se confiesa homosexual, pero asegura que otros de sus compañeros son bisexuales y aceptan mujeres, aunque son escasas, por ello se ven obligados a tener sexo con hombres.

Según un estudio realizado por la Fundación de Enfermos de SIDA, se determinó que de los hombres que practican la prostitución 60.2% es homosexual; el 26.2%, bisexual; el 2.0%, heterosexual; 19.8% es transexual y un 0.7% transgéneros. Además los prostitutos dicen que cuatro de cada diez hombres son homosexuales y cinco de cada diez, bisexuales.

Cierto o no, la realidad les muestra a diario que estos muchachos tienen sexo con entre tres o cuatro hombres por noche, todos ellos casados. No todos los hombres reconocen o aceptan su bisexualidad; ellos siguen considerándose heterosexuales.

“Los hombres en este país que buscan los servicios sexuales de los ‘gays’ no aceptan ser bisexuales u homosexuales y se escudan diciendo que ellos solamente penetran a un gay”, dice Freddy.

¿Necesidad o placer?

Muchos de los hombres que se prostituyen poseen un empleo regular durante el día, ganan salarios arriba del mínimo e incluso son estudiantes de nivel básico o bachillerato que viven con sus padres, sin que éstos se enteren de lo que hacen sus hijos.

“Si mi mamá se entera, me mata. Yo en la casa me visto distinto y trato de disimular. Hasta una novia de pantalla tengo y ni ella ni mi familia saben ni que soy homosexual ni que me prostituyo”, dice Freddy.

Entonces, ¿qué los mueve a ejercer la prostitución? ¿Es por necesidad o por simple placer? Lamentablemente no se puede ser exacto en esto. Los travestis, por ejemplo, podría decirse que lo hacen porque no tienen otra opción de trabajo que puedan ejercer siendo mujeres, que es como se sienten.

Sin embargo, en el caso de los muchachos, sus motivaciones no son siempre de estrechez económica.

Los sociólogos advierten que la prostitución masculina es un problema de crisis de valores, no de subsistencia, porque las personas que salen anunciadas en los periódicos no están en un nivel de indigencia; no tienen la necesidad de comer y vestirse, sino de consumir determinados bienes que no están a su alcance.

“Necesidad siempre hay, pero yo lo hago porque me gusta el dinero y tener cosas que con el trabajo de mecánico que antes tenía no podía comprar”, asegura Peter.

También existen factores que determinan la existencia de esta actividad, como los mensajes en los medios de comunicación que promueven el machismo. Así como el haber sufrido abusos sexuales de niños también puede ser un condicionante para que más tarde los muchachos tengan conductas homosexuales o promiscuidad. Muchos de los prostitutos fueron violados de niños. Sin negar que muchos dependen de la prostitución para sobrevivir. Hay muchachos que mantienen hasta a siete familiares con su trabajo sexual.

Otros son jóvenes desorientados que ejercen la prostitución para “pasarla bien”, inconscientes de los riesgos a los que se exponen. Randy, de quince años, es uno de ellos. “Lo hago porque me gusta venir a fregar, a ganar pisto y después irme a la gasolinera a seguir fregando. No tomo ni uso drogas. Sólo me gusta ir a comer y estar divirtiéndome”, dice este muchacho que cursa el octavo grado en un colegio privado.

Peligros y abusos

Las calles donde se prostituyen también son escenarios de violencia. Ahí son amenazados o golpeados por clientes u otros que repudian lo que hacen. Los clientes en ocasiones no les pagan por sus servicios y en el peor de los casos los llevan a sitios apartados donde los dejan abandonados. Con frecuencia se dan riñas entre los mismos compañeros de oficio.

Asaltos y robos también son frecuentes, sobre todo por el alto consumo de drogas. “Hay clientes que se lo llevan a uno solo para tenerlo toda la noche consumiendo drogas, y ya. Luego lo traen de regreso. La idea es que uno se vuelva adicto y luego les compren”, cuenta Berni, quien se prostituyó como travesti por ocho años.

También han sufrido abusos sexuales por parte de los policías. “A veces los policías nos llaman para que les hagamos sexo oral y no pagan” dice Randy.

Travestis

Otra cara del sexo comercial masculino lo ejercen hombres con una imagen pública de mujer: las llamadas vestidas, diferenciadas de los travestis, que trabajan en bares. Las vestidas son independientes, trabajan el sexo en la calle o en las carreteras, y son las que más sufren la extorsión.

Usa zapatos con tacones diez centímetros de alto, una falda larga que estiliza su delgada figura y un sutil maquillaje que logra enfatizar la belleza que por naturaleza le corresponde a sus 21 años.

Aunque sus padres lo bautizaron con nombre de niño, él se hace llamar “Maribel” desde hace tres años que comenzó a ejercer la prostitución, sus clientes también son hombres casados y algunos hasta con cargos importantes.

Por último, otro sector de los trabajadores sexuales independientes son las maniquíes, las llamadas Tapatías, vestidas de entre 40 y 45 años, muy esbeltas y bien dotadas de pene, naturales de Guadalajara, que en el DF suelen estar paradas entre Insurgentes y Viaducto.

De una belleza casi espectacular, todas tienen un sinfín de cirugías estéticas y algunas, incluso, han llegado a hacerse la operación de cambio de sexo. Pero, según Ivonne, todas las que conoce que se han sometido a dicha intervención “se han arrepentido” porque el hombre busca el pene.

 

Publicado en: La Jornada y Sexualidad en el siglo XXI


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