Jaime Blanc

Nació en Oaxaca, en 1949. Inició sus estudios en el Seminario de Danza Contemporánea del Ballet Nacional de México, donde se formó con maestros nacionales y extranjeros en ballet clásico y en las técnicas Graham, Falco, Nicolai y Limón. Continuó sus estudios en la Escuela de Marta Graham y The Merce Cunningham Company, en la ciudad de Nueva York, y en el Ballet Nacional de Cuba, entre otras importantes compañías.

En el Ballet Nacional de México ha participado como bailarín en más de setenta coreografías; ha sido maestro y director del Seminario de Danza, y es miembro de la Dirección Artística de la compañía. En la actualidad es responsable del curso para la formación de instructores en técnica Graham, en el Colegio Nacional de Danza Contemporánea.

Fue becado por Consejo Indio de Relaciones Culturales para el estudio en “Danza Drama Kathakali” en el Centro Kerala Kalamandalam, en la India, lo que influyó su trabajo coreográfico, que consta de 42 obras estrenadas. Fue asesor de la Facultad de Danza de la Universidad Veracruzana y de la Compañía Estatal de Danza Contemporánea de Oaxaca; también fue asesor y maestro del Ballet Folclórico de México. Forma parte de la mesa directiva del Centro Nacional de Danza, es asesor y maestro del Colegio Nacional de Danza Contemporánea. Ha sido dos veces becario del FONCA, y es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte.

Jaime Blanc. Danza y teatrodanza.

Por Oscar Salas Gómez

Junio 6, 2011

Mi conocimiento de Jaime Blanc empezó, sin saberlo, en 1994 en el queretano Auditorio Josefa Ortiz de Domínguez al presenciar El demonio de la noche. Me informé del título y el autor diez años después. Independientemente de la plasticidad escénica queda el recuerdo de la congruente creación de atmósfera con el título de la obra: un mundo perteneciente a la mente sumergida en el sueño, la fusión de los cuerpos, sus siluetas, la sinuosidad de sus movimientos con las texturas de larguísimas y enredadas telas que envolvían a Guadalupe Barrientos y Raúl Almeida (Beto), si había otros bailarines no lo supe. Aquella enorme sombrilla, no obstante sus dimensiones humanas, delimitaba el suceder escénico en el inabarcable foro de dicho recinto. Corto tiempo después conocí Allegro que me llevó a conceptuarlo como un coreógrafo menor en Ballet Nacional de México.

Alguien que habiendo dejado de ser bailarín lo dejaban ser otra cosa, y así lograba meter esa piececita en las entonces temporadas queretanas de la compañía con el pretexto de darle juego a los alumnos más avanzados del CNDC con oportunidades de presentarse “profesionalmente”. Para contrariar esta demeritoria apreciación también me pregunté ¿por qué no el movimiento por el movimiento, el danzar por danzar sin tema aparente o abiertamente declarado? Esta ocupación “telonera” de Jaime me la reafirmó Aperitivo, una creación con vocación preliminar a Las cuatro estaciones, de Luís Arreguín precisamente sobre la música de Antonio Vivaldi, el prète rosso de Venecia. Fue un momento de enorme concertación vivida por BNM. Hacia el exterior queretano con la Orquesta Filarmónica de Querétaro, y al interior en la creación coreográfica al unísono. Federico Castro compuso Mitos y narraciones sobre la música de El Pájaro de Fuego del compositor ruso que murió estadounidense, Igor Stravinsky. Estas composiciones de gran formato, muy repuestas por ejemplo en el Palacio de Bellas Artes y en el Centro Nacional de las Artes, ahondaron el empequeñecimiento de aquel Aperitivo que no vivió más allá de la recompuesta segunda reposición; para los jocundos intérpretes fue una charada que mucho degustaron como charanda. En esa imprevista función de despedida, quizá en un intento de sobrevivencia aparecieron unos sombreros o tocados de anchísimas y ondulantes alas que me remitieron irrisoriamente a aquellas turistas gringas que a mediados del siglo pasado me enseñaron a identificar como american crazy. Antonia Quiroz dejaba adivinar fácilmente que se encontraba muy a disgusto con la estrambótica o bufonesca situación.

En BNM Jaime Blanc fungía también como cicerone, o más bien, sin alzar la mano, aceptaba dar la cara cuando se requería hablar a nombre de la compañía con intenciones ilustrativo-informativas. Entre todos los integrantes del decano grupo artístico era quien menos rehuía hablar ante terceros, incluso en inglés.

Pocos hechos, y de escasa concreción, me permitían ver en Jaime a un coreógrafo, sin embargo en la primera entrevista que me concedió a principios del 2000 existen respuestas opuestas a mi concepción de su condición creativa.

Óscar Salas Gómez: ¿Te consideras marcado indeleble e irremediablemente por Ballet Nacional en  tu condición de coreógrafo?

Jaime Blanc: Quiéralo o no, pero sí lo quiero, pertenezco a una tradición en el orden y la utilización del movimiento que proviene de una concepción de la danza que nos ha inculcado la maestra Bravo, y no ha sido con machete ni a golpes, sino a través de la obra misma. El haber trabajado tantos años con Guillermina como intérprete, viendo sus obras, aprehendiéndolas, me ha enseñado las pocas cosas que sé como coreógrafo: el uso del espacio, de la dinámica, de las intenciones. Uno aprende de ella al estar en contra de ella, pero como una ramificación a partir de su propuesta o aportación. A partir de las oposiciones se va creando el movimiento. Cuando alguien de fuera ve cómo monto una obra dirá: “Este chavo (sonríe y corrige), ese señor es de Ballet Nacional”, por el uso de los ataques en el cuerpo, por el fraseo, por el juego del espacio.

¿Qué puedes mencionar de tu búsqueda coreográfica?

 He trabajado en varios modos de hacer coreografía que va desde el estricto uso literario con textos en las obras, lo cual está muy referido al teatro, hasta lo muy abstracto con música muy inusable, música de Lukas Foss, de John Cage, tratando de hacer lo que es prácticamente imposible de hacer, como es la abstracción en la danza. Entre esos dos puntos he variado mi búsqueda coreográfica. Por lo anterior, no me considero identificable, no me considero poseedor de un lenguaje preciso. Aunque en un principio reincidía mucho en la desfachatez. Pero esto dejo de sucederme hace mucho tiempo. Ser reconocible como creador no lo considero importante. Importante es poder conmover al público hasta el punto que pueda decir: “Qué terribles somos los seres humanos que podemos llegar a tales extremos como el asesinato, la violencia.” Eso es lo fundamental, y no que digan. “Está bonito”, o “no me gustó”.  Conmover es lo más difícil del mundo.

¿Cargan los coreógrafos de Ballet Nacional con la maestra Guillermina?

 Cuando fui un joven coreógrafo de Ballet Nacional las opiniones de la maestra acerca del deber ser y el deber hacer coreográfico me resultaban tan certeras y apabullantes que me quedaba: “¿Entonces qué? No puedo hacer nada. No sé hacer nada. ¿Para qué sirvo?”  Esa es una tradición de Ballet: ser crítico, y no nada más de Ballet. Yo creo, con Octavio Paz, que la modernidad es la oportunidad de ser crítico. Crítico en el sentido de  ¿qué estoy haciendo, lo estoy haciendo bien, hacia dónde me dirijo? Ella nos insiste en esto como coreógrafos: “¿Estás teniendo una estructura correcta, estás haciendo un lenguaje apropiado, sabes lo que estás queriendo hacer. Estás experimentando, qué tipo de experimento estás haciendo, por dónde va tu experimento?”. A la quinta pregunta de este tipo uno siente cargar una presencia que casi todo lo sabe. Queda uno a punto de decir: “Ya cállese.” Porque es una impugnadora constante. Esto es una enorme virtud; esto es impedir que las cosas se mantengan en la inercia que no lleva a ningún lado; la impugnación obliga a reflexionar sobre la propia obra. ¡Eso es lo que necesitamos! ¿Qué estoy haciendo con mi obra? Aquí no hay ni musa ni intuición que valgan. La intuición puede aparecer un instante ¡y agárrala!, pero el trabajo a lo bestia hace la obra.

Publicado en XTeatro    http://xteatro.com

 

Coreografía “Allegro” del espectáculo de Danza Contemporánea “Bailando con Juan Sebastián” de la Facultad de Artes Escénicas UANL (Noviembre 2009)
Dirección General: Jaime Blanc
Coreografía: Jaime Blanc
Bailarines: Cinthya Dueñas. Jessica Quiroga, Paulina de León, Juan Pablo Gallegos, Pedro Rodríguez Pauli, Rubén Rodríguez


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