Chat Gay

  

De acuerdo a Wikipedia, el chat (término proveniente del inglés que en español equivale a charla), también conocido como cibercharla, designa una comunicación escrita realizada de manera instantánea mediante el uso de un software y a través de Internet entre dos, tres o más personas ya sea de manera pública a través de los llamados chats públicos (mediante los cuales cualquier usuario puede tener acceso a la conversación) o privada, en los que se comunican 2 personas y actualmente ya es posible que se comuniquen más de dos personas a la vez.

Este medio es utilizado por millones de personas y  la comunidad LGBT es usuaria constante en un  buen porcentaje. Así que para  hablar del chat específicamente gay, en una entrada para este blog, decidí ingresar a alguna sala por algunas sesiones, incluido un fin de semana.

¿Alguien ha entrado al dark room en algunos baños, club o similar? Pues entrar a chatear me provoca una sensación parecida. Frente a ti aparecen personas que te rozan con un “¡Hola!” en la ventana y que si no contestas silenciosamente se retiran. Otras que te tocan con sus frases rutinarias “¿Cómo estás? ¿Cuántos años tienes? ¿Qué haces? ¿De dónde eres?” Algunas más, si la charla continúa y hay química entre ambos, te abrazan con una dirección de correo, con una cita concertada, con frases como “¿Dónde habías estado antes?” y para los que deciden salir de la oscuridad, están las web cams con las que colocadas al frente se puede hacer todo lo que se consienta a cientos, a miles de kilómetros de distancia uno del otro.

Sí, la descarga de adrenalina es fuerte, pero en la mayoría de sesiones, no sabes quién está detrás de esas frases, no hay manera de comprobar al momento si el otro es alguien que realmente busca a una persona para charlar y tener una relación o está esperando la oportunidad para cometer un abuso por la falta de precaución que se tenga.

Consciente de todo esto y pensando que tal vez podría encontrar hasta una nueva pareja  (nunca se sabe) elegí un sitio, busqué la sala gay, anoté un nick y me uní a las 50 a 60 personas que ahí se encontraban.

Soy el último en discriminar a alguien por su manera de ser, pensar o presentarse al mundo, pero no pueden dejar de llamarme la atención algunos perfiles que invariablemente se repiten, similares o idénticos, día con día:

“me violaron a los 10 años y me gustó”

“casado en medias”

“¿quién me encuera en la web cam?”

“incesto, me cogí a mi cuñado”

“SoiDyoS heteroflexible, prefiero TV” *

“chavo guapo x cam, atlético, alto, 1.80. No feos, no gordos, no obvios, no viejos pervertidos”  (¿Quedó alguien excluido en la sala?)

“es bonito el sexo pero yo prefiero hacer el amor”

“doy sexo a cambio de $$$”

“pasivo con micrófono”

“no locas, no afeminados, sólo raza de closet”

“busco pasivo con bonitos pies que use zapatillas”

“peterpan” (¿?)

“¿alguien con tangas de mujer?”

“aburrido en casa, ¿alguien para platicar? No feos, no viejos”

“psicólogo 33, mástil 44”  (¡No se lo creo!)

* TV es travesti y TS es transexual

     Además de la incertidumbre de tener frente a ti a un adolescente de 12 años diciendo que es mayor de edad con 25 años o a un hombre de 70 diciendo que tiene 18, estos lugares son la prueba palpable, irrefutable de que entre nosotros, discriminados y marginados, también discriminamos, marginamos y rechazamos a los otros siempre que se pueda. Viejos, gordos, feos, afeminados, locas, etc. ¡Absténganse! Si son honestos, de buenos sentimientos, con madurez mental, en busca de algo estable, pero si NO tienen 20 años, 20 cm de dotación, son delgados o atléticos, guapos, varoniles, discretos y quien sabe cuántas cualidades externas más, no pierdan su tiempo y mejor busquen un buen blog o página XXX para continuar la noche porque todos hemos aprendido muy bien la lección que el homofóbico ha practicado con nosotros por siglos y  la aplicamos con el menos dotado, el más frágil, el que tan sólo quiere tener una charla amena, por lo menos en el chat.

 

     “No sexo, sin edad ni origen ni posición en la cama” se me ocurrió escribir en una de las sesiones y ¡verga-paja-cam me contacta a los pocos minutos! Después “wero varonil” me pregunta “¿De dónde eres” y un tercer “pasivo a pelo” casi me insulta porque no soltaba datos personales: “¡Adiós fantasma!”. No, no era una noche propicia para el anonimato

Entonces entró a la sala un tal “Donovan” y con mayúsculas y con toda la homofobia que alguien puede lanzar aún a esas horas de la noche en un chat gay insultó a todos, repetía  frases cada vez más ofensivas y arrojaba las peores burlas a todo el que se le ocurría escribir algo. Algunos, sólo dos, se defendieron y de p… reprimido para arriba fueron los calificativos que se llevó. Después de un tiempo se cansó, dijo lo último que se le ocurrió, desapareció su nombre y la sala volvió… a lo habitual: “¿Alguien con quién charlar?”

En otra ocasión me fue peor. “Sincero” quería una relación seria, con gente madura que no le importara el físico. Se me ocurrió iniciar la charla con un sondeo sobre si se podría dar realmente una relación sin tomar en cuenta el físico. Como me tardé en escribir la pregunta ¡Casi me golpea!

– Estás con otra persona seguramente porque te tardas en contestar.

Y después:

– ¡El físico se termina, los sentimientos no! Tú y yo no tenemos nada en común. Tú buscas lo físico, etc. etc. Y dejó la conversación.

Insistí por segunda vez. Antes de que empezara a escribir yo algo, se puso a la defensiva (¿más?) e inició él la “charla”:

-Ahora me vas a insultar. No hay mucho respeto aquí.

-No, sólo era una pregunta la que hice, me interesó tu perfil y… no insulto por el chat.

-Tengo 43 años, soy discreto y no tengo ganas de estos juegos.

-Pero no estoy jugando.

– Mira, ya voy a salir de aquí así que ojalá tengas suerte y encuentres lo que busques, bye.

-Pero…

Frases más, frases menos, pero me cortó por segunda vez.

En un par de minutos, me regañó, se molestó, no me dejó aclarar nada, me cortó dos veces, se defendió (¿de qué?), me deseó buena suerte y se fue.

¡HA SIDO LA RELACIÓN MÁS CORTA E INTENSA DE MI VIDA!

¡Y aún tenía una entrada inconclusa¡

Puedes regresar en una semana, en un mes o un año y los perfiles siguen siendo… interesantes:

“niño bien, no obvios ni nacos”

“busco activo que me regale ropa”

“fluorescente” (¿¿??)

“300 x 45 min”

“yorch”  (¿Acaso querría decir George?)

“aperlado”

“hombre masculino, no jotas de ambiente”

“aeroboy”

“la magia de la confianza puede todo”

“TV closet, virgen”

“propiedad de todos, me regalo a quien quiera, trátenme como quiera, no valgo”

“Luis Miguel. Jehová es nuestro padre creador”  (¿?)

La mayoría de los que entran a la sala no “chatea” en público.  Anotan su nick, su descripción y se van a privado o leen una y otra vez lo poco que dicen los nuevos que ingresan. Pero en esa noche Ángel, La “J” y Osiris me hicieron pasar (y quiero pensar que a muchos también) un buen rato rompiendo ese aburrido silencio con su humor, ingenio y perreo. Se burlaban entre ellos, pero sin llegar a la ofensa y abundaron los “ashhh”, “¡las privas y te cierran!” “holaaaa”  “¡serán 20 milímetros!” “jajajaja”  “estabas bien en la otra sala”, etc. etc. Eso es chatear. Después de un buen rato se despidieron, salieron y todo regreso a la monotonía anterior.

Para cerrar esta entrada le faltaba algo, no todo debía ser así, algunos debían hablar, platicar o al menos intentarlo. He escuchado historias de parejas indistintas que han llegado hasta a casarse y se han conocido en algún chat. No lo pongo en duda, ni tampoco el hecho de que algunos lleguen a concertar una cita, muestren todos sus atributos, hagan uso de ellos e inicien después una relación. ¿Habría alguien que iniciara las cosas a la inversa, hablar, intentar conocerse primero, antes de arrojar frases como “soy activo, dotado, atractivo” o “pasivo a pelo”?

Pues si.

En una bono-sesión sucedió lo inesperado. Mandé a privado a alguien cuyo nick era el nombre de un dios y demonio muy antiguo y preguntando la razón de haberlo escogido iniciamos una charla que duró un poco más allá de la media noche.

Una conversación entre dos desconocidos, ya sea en persona o virtualmente, siempre va a tener momentos pico y momentos en que parece que el interés se desvanece, pero si se mantiene por un tiempo razonable reinventándose constantemente, quiere decir que hay algún punto fuerte de identificación, al menos por ese momento.

Cuando conocemos a una persona físicamente, estoy seguro que todos hemos comentado alguna vez: “Me atrae mucho pero ¡qué no hable!”. Esto sucede con los encuentros con seres de cuerpo y rostro angelicales (al menos para uno mismo) que se llegan a dar, pues cuando empiezan a hablar (algunos) no pueden mantener una mínima conversación sobre un tema que no sean banalidades, a veces divertidas, pero nada más. En el chat sucede lo contrario. Cuando la conversación se rompe después de 4 o 5 frases, se siente que no había tal vez nada más, pero cuando se sostiene (y no se quiere usar la cámara) irrumpe el deseo de saber cómo es el otro y al mismo tiempo, el rechazo a esta idea por no enfrentar una realidad que puede ser: “Me encanta su charla, pero no me atrae” o la inevitable: “Si me conoce, seguramente no seré de su agrado y me va a cerrar” y muy en el fondo, con escasas probabilidades, producto de nuestra cultura llena de estereotipos, acaso surge temerosa la idea: “Me gusta hablar con él, le parece buena charla, me agrada y le agrado”.

Aquel hombre virtual con quien conversé esa noche dio muestra de  elocuencia, ingenio, humor y mucho más, me hizo sentir en algunos momentos tenerlo frente a mí, reíamos juntos, casi no dejábamos parpadear al inflexible cursor y el tiempo se deslizó sin sentir.  Ahora sé que él representa la opción que muchos deben buscar, una buena charla, un buen café y después, usando una frase del chat…lo que se dé.

Por cierto, ni asexual ni defensor a ultranza de la lengua. Respeto a quien guste del sexo directo en todo sentido, no lo censuro ni lo critico  y no anoté las frases más descriptivas de los chaters no por asepsia de lenguaje sino  porque el que se usa en esos sitios merece en realidad una entrada especial.

El Chat Gay, una faceta más de la homosexualidad.

¿Y a ti, te gusta chatear?


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