Lorca y Dalí

Julio 14, 2006

Federico García Lorca y Eugenio Salvador Dalí vivieron su particular Brokeback Mountain en la España de los años 20. Es una de las historias más fascinantes y tristes entre dos de los personajes más relevantes de nuestra panorama cultural. Su relación trascendió la simple amistad. Se conocieron en 1922 en la Residencia de Estudiantes de Madrid (cuando tenían 24 y 18 años respectivamente). Fue una gran historia de amor aunque nunca llegara a consumarse. Lorca, menos temeroso al erotismo, fue mucho más consciente del amor que sentía hacia su amigo. En cuanto Lorca lo vio se enamoró perdidamente de Dalí, pero éste no aceptaba su homosexualidad, entre otras cosas por la influencia de un padre muy severo, el notario de Figueras. Mantuvieron, a pesar de todo, una estrechísima relación personal y artística primero; y un complejo debate estético después, hasta 1928 en que se produjo el alejamiento entre los dos.

Dalí había comenzado el servicio militar, pero tiene tres meses de permiso que va a pasar con su amigo Federico entre Figueras, Cadaqués y Barcelona. En este momento llevaban más de un año sin verse y pasaron unos meses en íntima amistad. Se sentían como almas gemelas. Trabajaron juntos en los decorados de una obra de teatro. La influencia era recíproca, la relación muy intensa, y ni ellos mismos imaginaban que ese viaje iba ser el preámbulo de un progresivo distanciamiento entre los dos. Según el pintor, en mayo de 1926 el poeta intentó “estar físicamente con él”, quiso penetrarlo, y aunque Dalí se sentía halagado por el amor de Lorca, no accedió a sus deseos, ya que no se consideraba homosexual, lo que Lorca respetó siempre profundamente.

Este capítulo, que hasta hace bien poco era uno de los más oscuros de la vida de García Lorca, casi tanto como el de su muerte, ha visto la luz gracias al irlandés Ian Gibson, que ya había escrito sendas biografías de estos personajes, y ha empleado como base de este ensayo las cartas que Salvador Dalí remitió a García Lorca. Las otras, las que escribió el poeta, han desaparecido. Hay que recordar que la familia de Lorca no era muy partidaria de airear su vida sexual. Absurdo, si pensamos que el poeta nunca lo ocultó, ni en su vida ni en su obra. Para Gibson quizás alguien las haya robado, con lo que aún queda la esperanza de que algún día puedan aparecer. En esas cartas Dalí, poco dado a la ternura, le escribe cosas verdaderamente románticas a Federico.

Dalí en sucesivas cartas le comentó su idea de escribir un texto identificando la imagen de San Sebastián con la del poeta. En este dibujo se pude ver la imagen del poeta en la playa de Ampurias representado como el santo. Por un lado San Sebastián es el patrono de Cadaqués, por otro es el santo con mayores referencias homoeróticas. “Se ve claro que mi oficio es pintar, pero, en fin, creo que digo cosas. Deseo ¡mon cheri, una muy larga carta tuya!… En mi San Sebastián te recuerdo mucho y a veces me parece que eres tú… ¡A ver si resultara que San Sebastián eres tú!… Pero ahora déjame que use su nombre para firmar. Un gran abrazo de tu San Sebastián”. El texto tenía un mensaje oculto y estaba lleno de referencias a Lorca. Dalí veía pasividad en el santo donde Lorca veía martirio y sacrificio. Se considera que es una respuesta a la Oda a Salvador Dalí. Lorca lo entendió como una confirmación de que Dalí rechazaba mantener relaciones sexuales con él.

Aunque el amor jamás llegó a consumarse, sus respectivas obras salieron enriquecidas de esa relación. Las obras de ambos están llenas de referencias al otro, mantenían una extraordinaria fascinación por el otro. No puede decirse que Lorca influyera activamente en la obra de Dalí. Sin embargo, aunque no podamos hablar específicamente de una “etapa lorquiana de Dalí”, Federico está muy presente en los cuadros de aquella época; al menos en doce de sus obras aparece la cabeza de Lorca junto a él mismo. Recordemos uno donde aparecen sus cabezas fundidas, o ese otro donde la sombra de Dalí proyecta la cabeza de Lorca.

Este dibujo de Lorca se expuso con motivo del estreno en Barcelona en 1927 de la obra Mariana Pineda. Se titula El beso, y aunque su significado quedó oculto para quienes vieron la exposición, más tarde se supo que el dibujo reflejaba las cabezas de Dalí y de Lorca confundidas y con los labios juntos.

Dalí, por el contrario, sí propició un giro en la trayectoria literaria de Lorca. Dalí era muy crítico con la obra de García Lorca. Cuando se publicó el Romancero Gitano, Salvador le dijo a Federico, “Tú eres un genio y lo que se lleva ahora es la poesía surrealista. Así que no pierdas tu talento con pintoresquismos”. Y Federico le hizo caso; dio un golpe de timón a su obra. Si Lorca no hubiera conocido a Dalí hoy no tendríamos posiblemente Poeta en Nueva York.

…Canto tu corazón astronómico y tierno,

de baraja francesa y sin ninguna herida.

Canto el ansia de estatua que persigues sin tregua

el miedo a la emoción que te aguarda en la calle.

Canto la sirenita de la mar que te canta

montada en bicicleta de corales y conchas.

Pero ante todo canto un común pensamiento

que nos une en las horas oscuras y doradas.

No es el Arte la luz que nos ciega los ojos.

Es primero el amor, la amistad o la esgrima…

Fragmento de Oda a Salvador Dalí de F.G.Lorca (1926)

Este poema es una alusión al amor imposible entre los dos. Supone el descubrimiento por Lorca de que Dalí lo consideraba en su solicitud amorosa, pero rechazaba su obra, su poesía. En algunas cartas Salvador Dalí le reprochó la “putrefacción” de Canciones y Romancero Gitano en un momento en el que lo que estaba de moda era el surrealismo. Muchos consideran Poeta en Nueva York como un acercamiento al surrealismo por parte del poeta andaluz debido a la influencia que ejerció el pintor sobre él. Se inicia así una “etapa daliniana de Lorca” que le llevará a acercarse al surrealismo y crear un lenguaje nuevo palpable en el teatro vanguardista de sus últimas obras: Así que pasen cinco años, Comedia sin título y El público. La Oda a Salvador Dalí caló profundamente en el pintor: le marcó en la manera de verse a sí mismo, es una manifestación clara de una amistad profunda, pero también de una fuerte rivalidad.

En el libro de Ian Gibson se explica cómo Luis Buñuel, tercer vértice de este triángulo, que despreciaba a Lorca, le llamaba “el asqueroso”, y veía con desagrado su fuerte amistad, hizo todo lo posible para apartar al pintor de la influencia del poeta. En 1927, Buñuel, que había conseguido desbancar a Lorca en el corazón de Dalí, se lleva a éste a París para realizar juntos la obra cumbre del surrealismo cinematográfico Un perro andaluz. Cuenta la leyenda que por un perro dibujado en una carta a García Lorca de octubre-noviembre de 1927 se cree que el “perro andaluz” de la película hace referencia al poeta andaluz. Así lo debió entender Lorca que, a finales de 1929, y al parecer como respuesta a Un perro andaluz, escribió en Nueva York el guión cinematográfico de Viaje a la luna. Aunque entregó una copia del mismo al cineasta mexicano Emilio Amero para que lo rodara, finalmente no se convirtió en película, y hubo que esperar hasta 1998, año del centenario de su nacimiento, para que otro pintor, Frederic Amat, pudiera llevar a cabo este proyecto. Al igual que otros textos lorquianos que surgieron de aquella experiencia neoyorquina ha tardado mucho tiempo en poder realizarse. El libro Poeta en Nueva York se publica póstumamente en 1940 y la obra de teatro El público no llegó a representarse oficialmente hasta 1986.

En noviembre de 1927 Salvador Dalí publicó una prosa, “Mi amiga y la playa”, en la que aparecen manos cortadas y un ojo cortado por un bisturí, y que lleva como cita inicial “La miel es más dulce que la sangre”, título del célebre cuadro que Dalí pintó ese año, y que alude a la inclinación amorosa de Lorca hacia él. Se ha sugerido la posibilidad de que, en la oposición que plantea el título de ese cuadro, “la miel” designe a Lorca y “la sangre” a Buñuel, partiendo del enfrentamiento entre ambos en términos personales y de poética.

Mientras Salvador Dalí estaba en París, Federico García Lorca se consagró como poeta tras su periplo por Cuba y Nueva York. Cuando se reencontraron en Barcelona, en el año 1934, ni el tiempo ni la distancia habían borrado esa relación.

 “Somos dos espíritus gemelos. Aquí está la prueba: siete años sin vernos y hemos coincidido en todo como si hubiéramos estado hablando diariamente…”

En 1936, fecha del asesinato de Federico García Lorca, ya se habían distanciado. ¿Qué habría pasado si no hubiera muerto Lorca tan pronto? ¿Hubiera tenido este amor una segunda oportunidad? Ian Gibson sospecha que no, porque a la Guerra Civil debemos añadir la irrupción de Gala en la vida de Salvador Dalí.

La muerte de Federico García Lorca le causó una gran impresión. En varios de los cuadros de 1938 aparece el rostro “invisible” de García Lorca: Afgano invisible, Aparición de rostro y frutero (en la imagen), y El enigma sin fin, donde el fantasma del poeta está configurado por el cuerpo de un afgano, un mastín y un galgo, respectivamente. Lo que vuelve a recordarnos la alusión a “un perro andaluz” de la que ya hemos hablado.

 “Adiós, te quiero mucho, algún día volveremos a vernos, ¡qué bien lo pasaremos!”

 Dalí a Lorca en una carta.

Bibliografía esencial sobre las relaciones personales de estos tres genios:

Lorca-Dalí: El amor que no pudo ser. Ian Gibson.

Buñuel, Lorca, Dalí: el enigma sin fin. Agustín Sánchez-Vidal.

Y la magnífica autobiografía de Luis Buñuel, Mi último suspiro.

 

Artículo publicado por:    Senses and nonsenses      http://unviajeimposible.blogspot.mx


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