Las Púberes Canéforas

Las Púberes Canéforas pertenece a esa tradición de la novela mexicana que, lejos de proponerse complacer la lectura conformista y sublimar la realidad, se esfuerza por desagradar, por contradecir y por someter el arte al fuego de la llaga.

Tejido en torno a una anécdota policiaca y a la historia de una obsesión amorosas homosexual, recorre el desolado panorama civil de la ciudad de México, con agrios rascacielos, pleitos en baldíos, hoteles de una sola noche, cabarets donde el deseo rinde homenaje a su parodia entre los vasos comunicantes de la prostitución y el desempleo; laberintos de asfalto llenos de basura industrial, guaruras prepotentes y posibilidades para el crimen; neblinas de vapor general, sudor de gimnasios, represión en las fábricas, barrios de miseria, fiestas clandestinas en palaciegas residencias desmanteladas, discotheques en jacalones de luz neón, como escenario violento del desamparo civil.

En esta novela la noche no es la antítesis de la sobriedad diurna, sino su consecuencia lógica: la  necesaria transformación de los hábitos matutinos, el refugio para la descontaminación del día. La fauna nocturna sigue ofrendando sus acantos ya industrializados, empaquetados y enlatados en el negocio policiaco-cabaretil de lucrar con el deseo, en espacios frecuentemente ennoblecidos, sin embargo por lo que de solidaridad, rebeldía, chispazos de carnalidad y de sueño, encanto verbal y plástico y tesonera defensa de las pulsiones más profundas y radicales de sus cuerpos y de sus vidas, logran alcanzar a veces los fantasmas del neón.

Sin renunciar a un complejo trabajo de composición narrativa que da a Las púberes canéforas una legibilidad inevitable, amena y clara, José Joaquín Blanco ha querido contaminarla de otros géneros y perspectivas: la poesía, la crónica, la reflexión pretenden transformarse en materia narrativa, Resulta una novela amarga, dura, erizada de pasajes agresivos y crudos. El tratamiento de los sótanos a menudo delincuenciales donde el poder y el dinero obligan a retraerse a sus víctimas no se agota con la mera denuncia, sino que intenta alguna perspectiva autocrítica de la propia vida homosexual urbana: sus complicidades y atavismos, los atolladeros sucios o lastimosos en que a veces se complace a sí misma; e intenta además, asociarlos (así sea de manera circunstancial) con otros conflictos sociales de modo que todo ello pueda verse menos con la variedad de fenómenos aislados, que como los nudos de un mismo tejido.

 

BLANCO, JOSE JOAQUIN, Las púberes canéforas, Ediciones Océano, México, 1987.


2 thoughts on “Las Púberes Canéforas

    1. Hola. La satisfacción mayor es saber que esta recopilación sea de utilidad a alguien y que despierte el interés por saber más acerca de cada tema. Agradezco tus palabras y tus acciones. Recibe un abrazo. Luis

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