Raúl Flores Canelo y el Ballet Independiente

Raúl Flores Canelo nació en Monclova, Coahuila, México, el 19 de abril de 1929 y murió el 3 de febrero de 1992. Fue bailarín, escenógrafo, coreógrafo y diseñador y uno de los artistas mexicanos más importantes del siglo XX, cuya obra es reconocida a nivel internacional. De las principales aportaciones se encuentra la introducción de la “mexicanidad” y del nacionalismo crítico en la danza contemporánea, convirtiéndose en uno de sus grandes pilares e innovadores. Por otro lado fue fundador del Ballet Independiente en el año de 1966, una de las compañías de danza más importantes de México.

Formación

Estudió artes plásticas en la Universidad de Arizona (E.U.A.) y en la Academia de San Carlos (México). Más tarde decide dedicarse a la danza, y estudia un periodo en la Academia Mexicana de la Danza. Posteriormente ingresa al Ballet Nacional de 1953-1966 donde fue coreógrafo y bailarín solista. Durante su formación tuvo maestros como Ana Mérida, Guillermina Bravo, Xavier Francis, Marcelo Torreblanca, José Limón, Lucas Hoving, Ana Sokolow, David Wood entre otros.

Fue integrante de la famosa gira de 1957 con Ballet Nacional de México por diversos países, la cual tuvo un gran éxito y dio a la danza contemporánea mexicana un gran reconocimiento a nivel internacional.

 Participación en el Ballet Independiente

En 1966 funda el Ballet Independiente en conjunto con Raúl Aguilar, Graciela Henríquez, Anadel Lynton, Elsie Contreras, Rosa Pallares, Valentina Castro, Gladiola Orozco y Freddy Romero. Con la creación del Ballet Independiente, Raúl Flores Canelo tuvo la intención de renovar la danza mexicana, buscando romper con la solemnidad, llevándola al pueblo, creando obras frescas, críticas y de gran contenido social. Durante esos años en el Ballet Independiente participaron artistas de enorme prestigio como Anna Sokolow, Juan José Gurrola, Aurora Bosch, Judith Hogan, Michel Descombey, Maya Ramos Smith, Miguel Ángel Palmeros, Efraín Moya, Guadalupe Ramírez, John Fealy, por mencionar algunos. A su muerte la dirección del Ballet Independiente la asume Magnolia Flores.

Su estilo único se adelanto a su época, a tal grado que el investigador y crítico de arte, Alberto Dallal, señaló que mientras otros coreógrafos empezaban a representar obras con simbolismo prehispánico, Flores Canelo ya lo había hecho desde los años sesenta. Sobresalen sus experimentos en torno a una danza que ante todo se convierta en espectáculo crítico, ya sea en contra de la enajenación del hombre en la sociedad capitalista, ya sea en contra de la explotación económica y social.

 Premios, reconocimientos y legado

En el año 1990 fue galardonado con Premio Nacional de danza José Limón, que es el máximo reconocimiento en el sector de la danza en México.

El 15 de julio de 1995 se funda el teatro del Centro Nacional de las Artes, el cual lleva su nombre, “Teatro Raúl Flores Canelo”.

En el año 2002 surge el “Festival Nacional de Danza Contemporánea Zona Centro Raúl Flores Canelo”, el cual lleva su nombre como tributo permanente a uno de los coreógrafos más importantes del siglo pasado en México.

El “Premio Raúl Flores Canelo” en honor al coreógrafo, es otorgado por parte de la Secretaría de Cultura de San Luis Potosí, el Instituto Potosino de Bellas Artes y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, a través de la Coordinación Nacional de Danza del Instituto Nacional de Bellas Artes.

Dentro de su obra se puede mencionar ‘El corrido del güero Velázquez’, ‘Ciclo’, ‘Adán y Eva’, ‘Pastorela’, ‘La anunciación’, ‘La balada de los amantes’, ‘Luzbel’, ‘Ronda’, ‘El Tramoyista’, ‘La Espera’, ‘Presagio’, ‘Queda el viento’, ‘Jaculatoria’, ‘Poeta, ofrenda a López Velarde’, todas ellas cargadas de gran simbolismo dentro de la corriente nacionalista.

Existen otras obras de corte íntimo, obras motivo-introspectivo-biográficas que conllevan una reflexión profunda aunque expuesta de manera sencilla. ‘Solo’, ‘Elegía’, ‘De jaulas y mariposas’, ‘Soliloquio’, ‘Preguntas Nocturnas’, son algunas de ellas.

Por su parte “La espera” es considerada como una de sus creaciones más importantes y para algunos críticos es señalada como su obra maestra, en donde se conjuga con enorme maestría, la danza, iluminación, vestuario y dramatismo.

La muerte de Raúl Flores Canelo (“el Canelo” como le decían cariñosamente) en 1992, conmovió al gremio de la danza. Su convicción fue inquebrantable; su sentido del humor fue su mejor credencial; su honestidad fue su aplomo; su amor a la cultura popular, su alimento.

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      En 1990, Raúl Flores Canelo creó una coreografía sumamente interesante dentro de su enorme veta creativa. Pervertida constituía un homenaje entrañable a la ciudad de México y se habitaba de personajes singulares, cuya cotidianeidad no impedía advertir el prodigio de su entraña. El hilo conductor de aquella obra –de estructura modular, pues estaba constituida de un número considerable de cuadros, cada uno considerado como una unidad que contaba una historia independiente de las demás- eran los seres marginales de la urbe; el paso de teporochos, barrenderos y prostitutas, lejos de languidecer en queja melodramática sobre el escenario, volvían festivo el rito de observar, de redescubrir las historias que se cuentan en esta ciudad cotidianamente.

Fue en esa obra, en la parte que lleva por título Tragedia en Polanco, interpretado por José Rivera, en donde uno de los personajes canelianos tomó una dimensión paradigmática y de manera impostergable alumbró la carrera de uno de los coreógrafos jóvenes más interesantes de los años 90. En una singularísima visión del coro griego, míticos y espectrales seres anunciaban: “El oráculo ha sido claro. Los dioses han hablado. El amor lo ha condenado a permanecer para siempre recostado, en los divanes de los psicoanalistas de Polanco. ¡Ayyyy! ¿Y permanecerá para siempre encadenado a los psicoanalistas de Polanco?” En esta coreografía, donde se toca el tema de la homosexualidad, esta pregunta resumía una postura: la heterosexualidad no es la única sexualidad válida.

José Rivera abrevó de manera directa la necesidad de Raúl Flores Canelo de inquirir desde la danza sobre la conducta humana, a través del arte señalaba la doble moral, la diversidad negada, las ataduras de la libertad construidas a partir del prejuicio. En ese señalamiento marcó siempre una pauta. Es ahora José Rivera quien sigue señalando estos puntos álgidos. Sin concesiones, sigue preguntando sobre la conducta humana e insistiendo en la necesidad de una apertura. El título de una de sus obras, Yo no soy Pancho Villa ni me gusta el futbol, incide justamente en la fractura de un estereotipo de la masculinidad.

Rivera en sus más de 10 años como intérprete y coreógrafo ha encarnado con su danza aquella aseveración que Carlos Monsiváis enunciara para dividir los tiempos actuales de aquellos donde la decisión era salir o no del clóset: “Ser gay ya es para muchos la transformación de estilos de vida en militancia”. Estilos de vida que transitan por los ámbitos cotidianos, los de la necesidad de reunión y el reconocimiento entre iguales, el trasfondo de una cultura subterránea, que descubre una masculinidad lejana de los roles establecidos y estalla en espejos múltiples, complejos.

 

Textos publicados en:

http://es.wikipedia.org

http://zonaescena.8m.com


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