¡Qué suerte ser gay!

Puedo ver el azul del cielo, la verdadera sombra del árbol y la verdadera forma de mi cuerpo reflejado.

¡Qué suerte ser gay!

Puedo sentir de verdad, puedo oler las flores y no estornudar, puedo mojarme sin preocuparme por enfermar.

¡Y puedo sonreir sin temor a llorar!

Puedo escuchar la melodía real de una canción de amor, puedo sentir como corre la sangre por mis venas.

Puedo verme a mí mismo y sentir como Dios me ama y me comprende.

La vida me ha premiado con el maravilloso don de poder sentir y ver el arte, como algo más allá de un cuadro, de una canción o de un poema de amor.

Me enseñó que amar de verdad no es sólo la pasión de los abrazos, la saliva, el aroma, el vértigo, los besos o el plácido desvelo hacia la búsqueda de la satisfacción, sino el simple hecho de sentir que necesitas a alguien, que lo extrañas, que lo sueñas y que no sería nada de ti sin su compañía y el olor inconfundible de su cuerpo mientras lo abrazas con todo el corazón.

Descubrí la belleza del erotismo sin caer en lo vulgar y entendí que amar es entregarse de verdad, sin detenerse ni por un instante a pensar si realmente le está permitido.

¡Qué más da! No importa lo que piense el mundo si soy yo el que siente y el que se da cuenta de lo bello que traduce cada aliento de mi ser siendo como soy.

¡Me siento orgulloso de ser gay!

Me siento vivo y con ganas de vivir aún más. Me siento con alma de niño, con ese espíritu aventurero que no se cansa. Me siento el más hombre de los hombres porque nadie tiene más valor para enfrentar la vida que yo.

Así también, demuestro a los demás que las diferencias muchas veces son las que logran que el mundo se vea mejor y que ser gay como parte de todo esto es la mejor herramienta que Dios nos ha brindado.

Porque fue Él quien puso en mis manos el pincel para pintar la vida a mi manera, con el verdadero sello de la creatividad, dotado con la belleza y grandeza de la inconfundible sensibilidad, que a aquellos como yo nos caracteriza, que podemos encontrar hoy en los mejores cuadros, en las mejores canciones, en las letras y líneas más bellas, siendo simplemente el reflejo de los más puros sentimientos.

Es por eso que hoy y siempre daré gracias a Dios y a la vida por haberme hecho un ser especial, un ser diferente, un ser fuerte, y por haberme otorgado el preciado don de la vida con los ojos del alma, amando hasta el más pequeño de los detalles…

¡Gracias por haberme hecho gay!

Por Héctor Ramírez E.


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