Identidades homosexuales II

El proceso de etiquetaje

Por Begoña Enguix Grau

Profesora tutora de Antropología en el Centro Asociado de la UNED en Tarrasa (Barcelona).

Hemos considerado la definición de Benkert como un punto destacable del proceso de etiquetaje, pero no es el único. En 1897 Magnus Hirschfeld funda en Alemania el Comité Científico-Humanitario, considerado como el primer movimiento gay organizado. En lugar de rebatir la conceptualización social al uso sobre la homosexualidad, dicho movimiento la aprovecha. Considerando al homosexual como un alma de mujer recluida en un cuerpo de hombre, según las teorías de Ulrichs, se acepta la existencia de una base biológica definida considerando que ello redundaría en una mayor aceptación social de la homosexualidad.

Este comité siguió funcionando, según las bases expuestas, hasta la llegada del nazismo. El nazismo supone un punto de ruptura en este proceso al ilegalizar el movimiento y castigar la homosexualidad con la reclusión en campos de concentración. La situación se estanca y no aparecen nuevos movimientos hasta la segunda mitad del siglo XX.

Durante la segunda mitad del siglo XX se produce un viraje ideológico que tiene como consecuencia la derivación hacia las explicaciones de tipo social en detrimento de las biológicas. A este viraje hay que añadir la serie de movimientos sociales que tuvieron lugar en los años sesenta, el feminista y el hippy por ejemplo, cuya consecuencia directa es el cuestionamiento de las definiciones rígidas del género y de los roles sexuales. Los gays aprovechan la ocasión y como resultado de unas revueltas que tienen lugar en Nueva York en 1969 se funda el Frente de Liberación Gay. Esta segunda fase del movimiento gay es radicalmente distinta de la primera puesto que ahora no se reivindica la femineidad del homosexual sino que se busca compatibilizar masculinidad y homosexualidad. Se intenta construir una identidad positiva basada en el “orgullo de ser gay”, sin que ello suponga la renuncia del homosexual a su identidad de género, a su identidad masculina. En última instancia, lo que el movimiento gay pretende es desligar el comportamiento homosexual del concepto de identidad que, en nuestra cultura y aplicado a la cuestión homosexual, es una identidad estigmatizada. Un buen ejemplo de ello es la siguiente cita, extraida de la entrevista con un militante:

“no somos una categoría especial de personas a las que haya que normativizar… lo único específicamente propio es el mantenimiento de relaciones sexuales con personas del mismo sexo”.

Sin embargo, a pesar de que a nivel discursivo, el movimiento propugna la inexistencia de una identidad homosexual y la posibilidad de cualquier persona de mantener relaciones sexuales con alguien de su mismo sexo, con su mera existencia y su nivel de organización, en cierto modo afirma la existencia de una identidad distintiva. Sin embargo, esta otra identidad que surge del movimiento gay es una identidad positiva, orgullosa y, sobre todo, masculina.

Es en este contexto en el que hay que enmarcar al individuo que se enfrenta a sí mismo y a la construcción de su identidad. Tengamos en cuenta que durante su socialización primaria el individuo ha internalizado unas definiciones sociales que condenan el comportamiento homosexual. Consecuentemente, es posible que el individuo, ante la primera sospecha, borre la homosexualidad de su mente y ni siquiera llegue a plantearse la cuestión. Puede que no lo haga y en este momento devienen cruciales las redes sociales del individuo y su acceso a mecanismos legitimadores, puesto que una identificación continuada en situaciones de exclusión depende casi únicamente de la fantasía.

El acceso a mecanismos legitimadores, cuando no entran en contradicción con la posición estructural (es el caso, por ejemplo, de posiciones estructurales que no permiten la expresión de la homosexualidad, especialmente el disfrute de un estatus elevado que teme perderse si se conoce la homosexualidad), puede tener como consecuencia la conformación de una identidad homosexual no subalterna. Los individuos cuya posición en la estructura social no es relevante, que no gozan de un estatus elevado que hay que proteger o que desempeñan una profesión que “permite” la expresión de la homosexualidad y que, además, tienen acceso a mecanismos legitimadores -en especial, los militantes- probablemente construirán una identidad homosexual positiva y dominante. Sin embargo, para quienes gozan de un estatus privilegiado que podría peligrar caso de conocerse su orientación sexual, el mantenimiento de este estatus prevalece sobre cualquier otra variable e incluso sobre la militancia en el movimiento gay.

Al margen de que el individuo siente una atracción que es condenada socialmente, otro de los grandes problemas para el manejo de la identidad del homosexual es la asociación cultural entre homosexualidad y afeminamiento, conducta esta última que ya de por sí es estigmatizada en nuestra sociedad. Sin embargo, aunque estigmatizada, la homosexualidad afeminada, por categorizable y coherente con el sistema de roles, es también la más aceptada aunque se arguyan para ello razones de carácter biológico: “ha nacido así”. La asociación entre homosexualidad y afeminamiento está plenamente asentada y ello conlleva, en ocasiones, la no identificación del individuo como homosexual si no se autopercibe como afeminado. También es posible que su reticencia hacia la homosexualidad y los homosexuales no se base en el comportamiento puramente sexual sino en el afeminamiento.

A pesar de que el discurso gay actual se fundamenta sobre la idea de que el homosexual es tan masculino como el heterosexual, y de que en el mundo homosexual, como estructura analógica del mundo heterosexual que es, se margina y condena la pluma o afeminamiento con igual fuerza, el necesario afeminamiento del homosexual sigue siendo una creencia difícil de erradicar. Si el individuo conoce otros homosexuales que no son afeminados o incluso tiene acceso a algún grupo del movimiento gay, probablemente esto redundará en una mayor autoaceptación de sí mismo como homosexual y facilitará la construcción de una identidad en términos positivos.

La asociación de afeminamiento y homosexualidad es importante porque, en nuestra opinión, la clave de la estigmatización del homosexual se encuentra en su no adecuación al género masculino según las atribuciones culturales de éste. Ello puede provocar en el sujeto fuertes tensiones en el manejo de su identidad de género y, a nivel personal, muchas más tensiones que la condena social, puesto que ante esa condena se puede optar por la doble vida o doble moral; de ahí que el movimiento homosexual se haya preocupado principalmente por afirmar la masculinidad del homosexual.

Hasta el momento hemos hablado de una identidad medicalizada y estigmatizada, a la que hay que añadir la identidad positiva y masculina que propugna el movimiento gay y de la identidad en el ámbito individual que, en función de la posición socio-estructural del individuo, puede ser subalterna o dominante o, incluso, no existir en relación con las otras identidades del individuo.

Si utilizamos el concepto goffmaniano de itinerario, habría que situar el inicio del proceso en la fase de autorreconocimiento del individuo como homosexual. Después de un período de reflexión y evaluación que puede ser más o menos largo en función de los significados internalizados y de las características de la red social del individuo, éste probablemente acudirá a los bares de ambiente, puesto que estos son los lugares en los que se concentra buena parte de la sociabilidad homosexual. Los sitios de ambiente son lugares, generalmente de carácter comercial (bares, discotecas y saunas, principalmente) en los que la clientela es, o así se considera, únicamente homosexual. Los sitios de ambiente son considerados como una etapa indispensable pero que necesariamente ha de ser superada, puesto que el tipo de relaciones que en ellos se establecen -relaciones sexuales rápidas y anónimas- son consideradas por la mayoría de nuestros entrevistados como insuficientes para la realización personal del individuo. Sin embargo, los sitios de ambiente son importantes por dos razones: por una parte, muestran al individuo que no es el único, que existen muchos hombres como él. Por otra parte, le enseñan que hay muchas maneras de vivir la homosexualidad, aunque en los sitios de ambiente es donde más afeminamiento existe, puesto que en este contexto el afeminamiento funciona como una defensa territorial.

En ellos, el individuo acabará conociendo a otros homosexuales con los que establecerá una relación de amistad y que acabarán formando parte de su red social, a pesar de que, en principio, son un contexto hostil para establecer ese tipo de relaciones. Al mismo tiempo, la red del individuo se habrá ido depurando incluyendo principalmente a las personas ante las que el individuo se puede expresar tal como es.

El proceso puede ser justo el contrario: es bastante más frecuente que un amigo te lleve a los sitios de ambiente que encontrar un amigo en los sitios de ambiente. Sea de una forma u otra, desde el punto de vista emic se considera que los sitios de ambiente son una etapa pasajera y que se deja de asistir a ellos cuando se encuentra pareja.

Si bien esto no es rigurosamente cierto, sí lo es que la mayoría de la gente que acude a ellos es bastante joven, predominantemente hasta los 35 años. Esto no quiere decir que no haya personas mayores de esta edad en ellos, sino que se considera que después de esa edad, en ellos se buscan otras cosas, probablemente charlar con los amigos o tomar una copa, puesto que en este contexto, con la edad aumenta la dificultad para encontrar pareja sexual. Los sitios de ambiente, por tanto, pueden funcionar como un lugar en el que se legitima la opción sexual del individuo debido a que en ellos se concentra buena parte de la sociabilidad del homosexual en cuanto tal. Se pueden convertir así en un contexto socializador y en un marco instrumental al servicio del individuo.

Otra instancia de legitimación, esta vez más marcadamente ideológica, puede ser la participación del individuo en el movimiento gay. Hay que tener en cuenta que sólo una mínima parte de la población homosexual participa en dicho movimiento y que el hecho de participar no significa que automáticamente se asuman sus postulados. También es cierto que se puede tener acceso al discurso gay sin participar en el movimiento, pero en nuestra investigación hemos descubierto que, incluso cuando se conoce dicho discurso, su incidencia en el comportamiento real de la población homosexual es escasa.

Se pueden distinguir tres factores que influyen poderosamente en la construcción de la identidad personal del individuo y en los términos -positivo o negativo- en que esta construcción se lleva a cabo. En primer lugar, puede hablarse de la organización de la sociabilidad y cómo las redes sociales pueden reforzar o inhibir al sujeto respecto de su sexualidad. En segundo lugar, hay que tener en cuenta la auto-imagen del individuo bien como homosexual afeminado, como homosexual viril o como “normal”. Y en tercer lugar, es necesario tener en cuenta la posición socio-estructural del individuo y el estatus social del que goza.

Hasta el momento hemos comentado cómo determinados tipos de sociabilidad, y en particular aquellas formas de sociabilidad organizada en torno a las instancias exclusivamente homosexuales (el movimiento gay y los sitios de ambiente), pueden legitimar la opción sexual del individuo. Sin embargo, recordemos que es posible que el individuo ni siquiera se identifique como homosexual. Puesto que en nuestra cultura existe una separación, típicamente masculina, entre el sexo y la afectividad, y ambos pueden ser separados de la vida cotidiana, para muchos hombres la homosexualidad es simplemente una práctica sexual que, en su opinión, no influye en ninguna otra esfera de su vida. Es curioso que la mayoría de estos hombres, como alternativa a la etiqueta de “homosexual” propongan la de “vicioso” o “pervertido”. Desde este punto de vista podría decirse que existe una homosexualidad autorreconocida y una homosexualidad sin ese componente.

 

Publicado en     http://www.ugr.es


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