Identidades homosexuales I

Por Begoña Enguix Grau

Profesora tutora de Antropología en el Centro Asociado de la UNED en Tarrasa (Barcelona).

En una sociedad compleja como la actual, no se puede hablar de una identidad única e inmutable sino que más bien se debe hablar de una pluralidad de ámbitos de identificación. Estos ámbitos cristalizan en identidades personales cambiantes, polivalentes e influidas por las relaciones sociales del individuo. La noción de una identidad única, relacionada en nuestra opinión con la de la existencia de una única alma inmutable a través del tiempo, ha de ser, por tanto, abandonada. Un mismo individuo puede adoptar distintas identidades desde los puntos de vista diacrónico y sincrónico, en función del momento personal que esté atravesando o del contexto social en que se halle inmerso. Esto es así porque la identidad no es un hecho dado sino un proceso que se construye partiendo del individuo y estableciendo una relación dialéctica con su cultura comunitaria. Según Erikson (1990: 19-20), al hablar de identidad “nos enfrentamos con un proceso “localizado” en el núcleo del individuo y, asimismo, en el núcleo de su cultura comunitaria, un proceso que establece, de hecho, la identidad de estas dos identidades”. Es interesante destacar, pues, en primer lugar la identidad como proceso; en segundo lugar, su carácter dialéctico.

Este proceso puede ser analizado básicamente desde dos perspectivas distintas: desde la perspectiva individual y desde la perspectiva social, puesto que consideramos, con Berger y Luckmann (1984: 216) que “las estructuras sociales históricas específicas engendran tipos de identidad”. Las identidades personales son una función del propio sentimiento de identidad y de la percepción por parte del individuo de que los otros reconocen su mismidad y continuidad (1). De ello deriva la gran importancia que tienen las relaciones sociales que el individuo es capaz de establecer a lo largo de su vida para la formación de la identidad. A nivel personal es posible que un individuo tenga una identidad homosexual. Pero dicha identidad no necesariamente ha de ser su única identidad: el individuo es también hombre, obrero, amigo, esposo. Es pues, una identidad más entre sus múltiples identidades, y puede tener, entre ellas, un carácter subalterno o dominante.

La existencia de una identidad homosexual -dominante o subalterna- depende pues, como cualquier otra, de la coherencia que los significados internalizados por el individuo tengan entre sí y, en un momento posterior, de que el individuo posea una red social que le permita identificarse como homosexual. En esta sociedad, en general, la homosexualidad masculina, como otras conductas sexuales no reproductivas, ha sido condenada, y quienes la practican, estigmatizados. Por esta razón, los significados asociados a la homosexualidad que el individuo recibe durante su proceso de socialización primaria son, en general negativos o muy negativos. Recordemos que entre niños, llamarse “marica” es un insulto habitual. Consecuentemente, el individuo que no ha conseguido superar esta negatividad asociada a la homosexualidad será más propenso que otros a la construcción de una identidad homosexual subalterna y oculta, caso de producirse esta construcción. Existen otros individuos que, en cambio, han conseguido neutralizar el estigma y que, en consecuencia, pueden construirse una identidad homosexual positiva, no estigmatizante y que puede llegar a ser dominante entre las otras facetas de su personalidad. La cuestión básica a tener en cuenta es que el individuo es múltiple y funciona con distintos registros en distintos momentos. En ocasiones, puede no disponer de legitimaciones para todas sus facetas, pero aún en estos casos la negación de una de sus facetas puede formar parte de su identidad.

Cuando hablamos de coherencia de significados nos estamos refiriendo básicamente a la información que el individuo recibe durante su proceso de socialización primaria puesto que en nuestra sociedad el comportamiento homosexual es una conducta estigmatizada. Si el individuo no aprende a neutralizar dichos conocimientos adquiridos es difícil que pueda llegar a construir una identidad homosexual dominante. Sin embargo, ello puede no repercutir en su vida cotidiana, puesto que la homosexualidad, por tratarse de un atributo no visible, ofrece múltiples posibilidades de ocultación.

Desde la perspectiva social, en general, se suele considerar que la identidad es la capacidad del individuo para identificarse con otros. La identidad social se fundamenta en la identificación. Pero con este término también se hace referencia al etiquetaje de un determinado grupo de individuos basándose en ciertas características que se les suponen particulares. Es desde este último punto de vista desde el que vamos a comenzar nuestro análisis.

Durante el siglo XIX, y como resultado de un largo proceso histórico de categorización, a la edad, el sexo, la clase y el estatus de las personas, se suma la orientación sexual como mecanismo de diferenciación social. En un contexto marcado por el ascenso de la burguesía y el afianzamiento de la revolución industrial que la convirtió en clase dominante, se consolida la construcción de la categoría de desviado como un mecanismo funcional para el mantenimiento del poder en manos de una clase dominante. La medicina se erige en sucesora de la ideología religiosa y la desviación es explicada en términos médicos, lo que confiere a la clase médica poder político: entre 1870 y 1900 casi un tercio de la cámara de diputados francesa estaba ocupado por médicos (2).

Como resultado de este proceso de clasificación social basado en lo científico y legitimado por la medicina, que se amparaba en una pretendida “objetividad”, en 1869 Karoly M. Benkert acuña el término de homosexual para hacer referencia a un comportamiento específico que hasta ese momento no había tenido más que nombres genéricos. Sin embargo, la atención médica hacia la homosexualidad data de bastante antes: ya en los siglos XVII y XVIII los jueces europeos comenzaron a pedir a los especialistas en medicina forense o psiquiátrica que les ayudaran en los casos de travestismo y homosexualidad, inicialmente para determinar a través de un examen físico si se había producido coito anal. Hacia mediados del siglo XIX, la homosexualidad ya está bien caracterizada como enfermedad, por lo que hay que considerar la definición de Benkert como la culminación de un proceso y no como el inicio del mismo.

A partir de esos momentos, se consideró al homosexual como una especie particular caracterizada

“no tanto por un tipo de relaciones sexuales como por cierta cualidad de la sensibilidad sexual, determinada manera de invertir en sí mismo lo masculino y lo femenino. La homosexualidad apareció como una de las figuras de la sexualidad cuando fue rebajada de la práctica de la sodomía a una suerte de androginia interior, de hermafroditismo del alma. El sodomita era un relapso, el homosexual es ahora una especie”.

M. Foucault, Historia de la sexualidad (I). La voluntad de saber, Madrid, Siglo XXI, 1978: 59.

Con ello, se construye una identidad estigmatizada, medicalizada y marcada por la ambigüedad cuyo objetivo principal es diferenciar y situar cognoscitivamente a los individuos, es decir, establecer límites entre ellos. Para ello, se utilizan referentes diversos, como los roles asumidos, el comportamiento sexual, la apariencia o la adecuación a los estereotipos existentes sobre el grupo o individuo objeto de etiquetaje. Desde este punto de vista, esta identidad conferida es un locus en el que se articulan procesos de dominación puesto que aquello que se conoce, que puede ser identificado, puede ser controlado.

Sin embargo, nosotros vamos a considerar la identidad desde otro punto de vista, desde la perspectiva de su construcción en interacción, retomando la idea de proceso; esta identidad no aísla al individuo relegándolo al papel de sujeto paciente, sino que lo integra en la realidad otorgándole la capacidad para manipular los procesos de dominación y responder a ellos.

 

Publicado en Gaceta de Antropología     http://www.ugr.es

 


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