“Para consagrarse al cultivo de la danza se requiere de una devoción religiosa, mística” ROSEYRA MARENCO

Roseyra Marenco G. nació en Coatzacoalcos, Veracruz el 5 de mayo de 1932.

Un profesional del ballet debe tener entre sus cualidades la pasión, la constancia, el entusiasmo y la entrega, solía afirmar la bailarina y coreógrafa mexicana Roseyra Marenco, destacada figura de la danza nacional, quien falleció el 11 de mayo de 2009.

Dueña de un gran talento e indudable calidad técnica, Roseyra Marenco a temprana edad comenzó a cosechar lo que posteriormente sería una prolífica carrera artística.

Con una vocación admirable, la bailarina inició sus estudios en la Academia Mexicana de la Danza en 1949, donde tomó clases con Ana Mérida, Guillermo Keys, Xavier Francis, Waldeen von Falkenstein Brooke de Zatz, David Good, Ana Sokolov, Antonio de la Torre, Beatriz Flores y Amalia Hernández.

     

 En 1953, a la edad de 21 años, Marenco creó su primera coreografía, titulada “Movimiento sinfónico”, la cual tuvo buena acogida entre los críticos.

Margarita Tortajada Quiroz dijo en su momento que Roseyra Marenco tenía una presencia apabullante, una sonrisa fácil y una danza cargada de fuerza física y emocional.

 Más tarde, en 1954 Marenco ingresó a la Compañía de Danza Moderna de Bellas Artes y tres años después participó con el Ballet Mexicano, donde realizó un exitoso recorrido por Venezuela.

Con una solida trayectoria, en 1963 ingresó al Ballet Folklórico de México, donde fue Primera Bailarina, coreógrafa y maestra. Entre sus obras se encuentran las coreografías para Danza de Mascaritas (1972) y Danza de Pardos (1979). Fue solista de sus dos compañías durante las Olimpiadas en México en 1968 y del Ballet de Haití “Banda” de Geoffrey Holder que formaba parte del programa titulado “Ballet Folklórico de las Américas”,  teniendo también a su cargo las coreografías del Ballet de Argentina y Ballet de Nicaragua.

 Entre 1964 y 1966 llegó a ser Primera Bailarina del Ballet Nacional dirigido por Guillermina Bravo y posteriormente trabajó con el Ballet México Contemporáneo.

Ya entrada la década de 1970, Marenco, junto con John Frealy y Nellie Happee, compuso la coreografía “Letanía erótica para la paz”, obra basada en un poema de Griselda Álvarez.

Asimismo, con la experiencia que le dio su célebre trayectoria y su compromiso con la danza, Marenco aportó su conocimiento en la formación de nuevos profesionales, ingresando como docente, entre 1956 y 1987, al Instituto Nacional de Bellas Artes, a Centros Culturales del IMSS y a la Academia de Danza.

 De 1976 a 1980 participó como Primera Bailarina en las obras “Bodas de sangre” y “Gota de agua” con la actriz Carmen Montejo.

En 1978 trabajó conjuntamente con el Grupo de Danza Contemporánea “Olin” presentando tres obras tituladas “Kinespacio”, “Tiempo” y “Misa”. Por otra parte, las bailarinas Mary Carmen Cárdenas y Angélica Rodríguez David formaron el dueto de una singular coreografía, adelantada a su tiempo y a los prejuicios que llevó por nombre “Te he querido tanto” , utilizando el poema en voz de Raquel Olmedo y diseños de Antonio López Mancera.

Otras instituciones y grupos que tuvieron el privilegio de tenerla como maestra entre 1991 y 1995 fueron el Instituto de Danza “Mizoc” y el Ballet Folklórico “Tankanhuitz”. En ese mismo período dirigió la Escuela de Danza “D’ Marenco” en el Distrito Federal.

En 1995 se dedicó a la preparación de un ballet que se tituló “La vida es así” para un programa sinfónico con estreno en el Palacio de Bellas Artes y con música de Manuel Enríquez.

Distinciones importantes

  • Recibió el Diploma del Festival Latinoamericano del Folklore en Argentina en el año de 1967.
  • El Ballet Folklórico de México le otorgó una medalla por 25 años de actuación destacada dentro de la institución.
  • Del Ayuntamiento del Municipio de Puebla en 1974 recibe un diploma por 25 años de trabajo.
  • En 1977 el Gobierno del Estado de San Luis Potosí le entrega un diploma por su trabajo continuo con la danza contemporánea.
  • En el año de 1991 se le rinde homenaje y se le otorga un diploma y una medalla en el Palacio de Bellas Artes por “Toda una vida dedicada a la danza”.
  • La Universidad de Colima, la Universidad Autónoma de México y la Universidad Autónoma de Nuevo León le entregan diplomas como maestra distinguida en 1993.

 Luego de una vida dedicada a la danza, Marenco, fundadora del Ballet Moderno de México, falleció el 10 de mayo de 2009 a causa de un paro cardiaco.

Pese a algunas limitantes físicas, como el asma que padeció a lo largo de su vida, esta talentosa bailarina, coreógrafa y docente logró impregnar con su esencia los escenarios del ballet en México.

Sin embargo, con la humildad que la caracterizó, afirmaba: “No creo haber aportado mucho a la danza, pero lo que sí creo y sé a conciencia, estoy totalmente segura, es lo que a mí me ha aportado la danza, una plena realización”.

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Falleció Roseyra Marenco, bailarina y coreógrafa

Por Ana Mónica Rodríguez

Periódico La Jornada

Mayo 12,  2009

Nacida en 1932, en Coatzacoalcos, Veracruz, Marenco figuró entre los ocho fundadores de la compañía Ballet Moderno de México, dirigida en 1952 por Amalia Hernández, la cual fue antecedente del Ballet Folklórico de México, a cargo de la misma coreógrafa, dijo el escritor Mario Arturo Ramos, quien comentó aspectos relacionados con la prolífica trayectoria de la bailarina.

Durante un encuentro de Ramos con Marenco, en Querétaro, en julio de 2008, escuchó en voz de la maestra que “por el asma y mis lesiones todos los años que bailé fueron con muchos problemas, sobre todo respiratorios”.

Entre los mentores de Marenco figuran Ana Mérida, Guillermo Keys, Xavier Francis, Merce Cunnigham, Waldeen, David Wood, Ana Sokolow, Antonio de la Torre, Beatriz Flores y Amalia Hernández.

Ramos recordó que Roseyra Marenco creó, en 1953, su primera coreografía Movimiento sinfónico y se caracterizó por ejecutar una “danza gozosa”.

El escritor, quien conoció desde hace décadas a la coreógrafa, citó al crítico Raúl Flores Guerrero –quien tras el debut de Marenco, escribió–: “Las excelencias son muchas en esta danza, plasticidad y dinámica armonizadas en los movimientos, con verdadero sentido estético, espontaneidad y claridad en la expresión artística”.

“Para consagrarse al cultivo de la danza se requiere de una devoción religiosa, mística. Hay que entregarse a ella de por vida, de tiempo completo. Los profesionales de la danza tienen que someterse a un ritual cotidiano que exige resistencia, perseverancia y amor”.

Roseyra Marenco


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