Miguel Angel Buonarroti, pintor, escultor y arquitecto

Nacido en Caprese (pequeña población de Toscana) el 6 de marzo de 1475, se dio tempranamente a la pintura, aún contra la voluntad de su padre, bajo la guía de Francesco Granacci, de quien quedó siempre muy fiel amigo. Ingresó en 1488 a la escuela de Davide y Domenico Ghirlandaio abandonándola al poco tiempo para ir a la Academia que se encontraba en el jardín de los Medicis en Florencia. Aquí estuvo bajo la guía de Bertoldo de Giovanni, viejo escultor quien le encaminó hacia el arte de género clásico. El joven mostró pronto sus dotes, hasta llamarle el propio Lorenzo el Magnífico a su palacio.

Ahí comienza la verdadera actividad artística, comúnmente señalada por dos esculturas: La Virgen de la Escalera y La Batalla de Centauros y Lapitas aunque hubo algunas obras anteriores. En 1492 fallece El Magnífico, su gran protector y admirador, por ello abandona su mansión y trabaja algún tiempo por su cuenta.

A su regreso a la corte señorial, bajo el gobierno de Pedro Medicis, no se repite el apoyo que había recibido anteriormente por lo que en 1494 va a Venecia y de ahí a Bolonia, para regresar al año siguiente por una estancia muy breve a Florencia.

En 1496 se dirige a Roma a la casa del Cardenal Riario di San Giorgio y esta primera estancia romana se prolonga hasta 1501. Baco, estatua que le encargó el banquero Jacopo Galli realizada en 1497  y La Piedad realizada entre 1498 y 1500 son obras que representan al momento clásico de su arte, la búsqueda de un equilibrio, una armonía y una belleza nuevos y más profundos.

En 1501 se marcha Miguel Angel de Roma para regresar a Florencia donde se había instalado ya un gobierno republicano. Obtiene el encargo de esculpir un gran bloque de mármol de donde nace el famoso David, de más de cuatro metros de altura, realizado de 1501 a 1504 y situado ahora en la Galería de la Academia. Contemporáneos a esta obra se encuentra otro David y La Virgen con el Niño o Virgen de Brujas.

Realiza también estatuas representando a los 12 apóstoles y tres “Tondos”: el Tondo Pitti, el Tondo Taddei y el Tondo Doni que es la primera pintura que se posee, aunque Buonarroti nunca tuvo mucha simpatía por este arte ya que lo consideraba como no verdadero.

Para 1505 le llaman a Roma y el Papa Julio II le confía la tarea de proyectar y realizar su tumba por colocar en San Pedro. Después de ir a Carrara para escoger los mármoles sintió que el Papa había cambiado de idea y regresa en 1506 a Florencia. Sin embargo se reconcilian después en Bolonia y recibe el encargo de realizar los nuevos grandes frescos de la Capilla Sixtina del nuevo proyecto de la Basílica de San Pedro, obra que realiza entre 1508 y 1512.

Una vez terminado este gran trabajo se dedica a una obra más grata para él, la Tumba de Julio II para la que esculpe el Moisés y los Cautivos de los cuales dos se encuentran en el Louvre y cuatro en la Galería de la Academia.

En su tercer período florentino que abarca de 1513 a 1534 destacan La Sacristía Nueva que es la primera verdadera realización arquitectónica de Miguel Angel y las Tumbas de los Medicis. En la Iglesia de San Lorenzo una nueva obra le es encargada. Se trata de la Biblioteca Laurenciana en la que su concepción arquitectónica alcanza una armonía y un equilibrio pasmosos, que unifican admirablemente el conjunto de atormentadas paredes.

La ciudad de Florencia vuelve a caer bajo la dominación de los Medicis y después de la muerte de su padre, (1534), Buonarroti se marcha nuevamente a Roma donde radica por el resto de su vida.

Miguel Ángel pretendía interiorizar las teorías neoplatónicas del amor, haciendo grandes esfuerzos para conseguir un equilibrio emotivo que pocas veces logró. Su inclinación natural por la materia, por las formas físicas -era por encima de cualquier cosa, un escultor de cuerpos-, unida a su fascinación por todo lo joven y vigoroso, emblemas de la belleza clásica, lo llevaron a decantarse por la belleza humana y el amor más sensual hasta muy avanzada su vida. Esta conflictividad enriquecedora con la que el artista vivió su deseo carnal, también afloró en el enfrentamiento con su homosexualidad.

El artista mantuvo relaciones con diversos jóvenes, como Cecchino dei Bracci, por el que sentía un gran afecto. Cuando en 1543, Bracci falleció, Miguel Ángel le diseñó la tumba, en la iglesia de Santa María in Aracoeli de Roma, y encargó que la realizase  su discípulo Urbino. También Giovanni da Pistoia, joven y bello literato, fue durante un tiempo íntimo amigo, y es posible que mantuviera una relación amorosa con Miguel Ángel en la época que empezó a pintar la bóveda de la Capilla Sixtina; esta relación queda reflejada en unos sonetos muy apasionados que Giovanni le dedicó.

En un viaje realizado a Roma en 1532, conoció al que sería el gran amor de su vida, el joven Tommaso Cavalieri, un patricio de inteligencia poco común y amante de las artes. Poco después de conocerlo, le envió una carta en la cual le confesaba: «El cielo hizo bien impidiendo la plena comprensión de vuestra belleza… Si a mi edad no me consumo aún del todo, es porque el encuentro con vos, señor, fue muy breve».

Hace falta recordar que la Academia Platónica de Florencia quiso imitar la ciudad griega de Pericles. Esta asociación cultural constaba de un círculo social masculino en el cual la relación entre un hombre y un adolescente era considerada un sentimiento noble y honorable. Dentro de este contexto es donde se puede entender la psicología, el gusto y el arte de Miguel Ángel. El artista creía que la belleza del hombre era superior a la de la mujer y, por lo tanto, el amor que sentía por Tommaso era una forma que tenía de rendirse ante la «belleza platónica».

Tommaso Cavalieri era un muchacho de 17 años; de buena familia, aficionado al arte, ya que pintaba y esculpía. Varchi decía de él que tenía «un temperamento reservado y modesto y una incomparable belleza»; era, pues, muy atractivo a la vez que ingenioso. En su primer encuentro, ya causó una profunda impresión en Miguel Ángel, y al pasar el tiempo la relación se transformó en una gran amistad, con una pasión y una fidelidad que se mantuvo hasta la muerte.

Miguel Ángel, por el contrario, era un hombre de 57 años, que se encontraba en el cenit de su fama; contaba con el soporte de los diversos papas y Tommaso lo admiraba profundamente. Parece que la amistad tardó cierto tiempo en producirse, pero cuando se consolidó llegó a ser muy profunda hasta el punto que Cavalieri, ya casado y con hijos, fue su discípulo y amigo mientras vivió Miguel Ángel y lo asistió en la hora de su muerte, cuando el capítulo amoroso ya hacía tiempo que se había acabado.

Por voluntad del nuevo Pontífice Paulo II Farnese se le confía otra grandiosa obra pictórica, el complemento de la Capilla Sixtina que se hubiese debido pintar al fresco en la pared de entrada y en la frontal. El artista pintó solamente la pared enfrente de la entrada con el famoso Juicio Universal.

En una nueva etapa de su arte se producen los frescos de la Capilla Paulina y el busto de Bruto. Posteriormente realiza la Piedad Rondanini y atiende el arreglo del Capitolio (1546) incluyendo el diseño de esta plaza.

En 1547 le confían la tarea de completar la Basílica de San Pedro, labor que había sido iniciada en 1506 por Bramante.

Entre sus últimas obras se encuentran las tres famosas Piedades: Piedad de Santa María del Fiore, Piedad de Palestrina y Piedad Rondanini, obra que estaba esculpiendo cinco días antes de su muerte que sucedió el 18 de febrero de 1564, teniendo el artista cerca de 90 años.


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