Horacio Franco, arte y activismo

Horacio Franco es uno de los flautistas mexicanos más reconocidos en el mundo. Estudió en el Conservatorio Nacional en México y en el Sweelinck Conservatorium en Ámsterdam, Holanda (hoy Conservatorio de Ámsterdam), con Marijke Miessen y Walter Van Hauweç.

Es solista con muchos directores y director huésped de las principales orquestas y grupos vocales de México y otras en el extranjero. Es un concertista con un repertorio que abarca desde las formas tradicionales de la música medieval, renacentista y barroca ─inclusive música colonial latinoamericana─ hasta contemporánea, folklórica y popular.

A la par de sus presentaciones por Europa, Asia, Estados Unidos, Sudamérica e Israel, imparte clases magistrales. En Inglaterra y Estados Unidos ha participado en proyectos de educación y de apoyo a sectores marginados y desprotegidos de la sociedad. Ha obtenido varias becas y reconocimientos.

Es miembro fundador del Trío Hotteterre (1986-1994), con Luisa Durón y Bozena Slawinska, director y fundador del ensamble vocal e instrumental Cappella Cervantina (1993-1998) y fundador de la Orquesta Barroca Capella de Puebla.

Ha realizado numerosas grabaciones de música antigua y contemporánea. Entre dichas grabaciones, cuenta con un disco de prosa con el afamado escritor mexicano Carlos Monsiváis. Son frecuentes sus presentaciones en radio y televisión, tanto en México, Estados Unidos como en Europa. Su presencia es cada vez más intensa en festivales como el Cervantino, del Centro Histórico de la Ciudad de México, Cultural de Sinaloa, el Oregon Bach Festival, The Festival Music Society of Indianápolis, en varias ciudades de Bélgica, en el Festival Europalia 93 y en el Festival Les Chemines du Baroque.

Horacio Franco, icono del arte y el activismo social contra el VIH

El Universal

Por Alida Piñón

Junio 12, 2011

Horacio Franco, uno de los artistas mexicanos más destacados, estudiaba en Holanda cuando comenzó la pandemia de VIH/sida.

Tenía alrededor de 17 años y se dio cuenta de que la vida no sería la misma, jamás. Amigos y compañeros empezaron a morir, también se enteró de que colegas radicados en Nueva York estaban siendo arrasados por el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida.

Poco se sabía de los alcances mortales de la enfermedad, aunque con el tiempo y de manera paulatina la información comenzó a fluir.

Volvió a México en 1985 y otra vez se enfrentó al silencio imperante.

“Regresé a México y había una incipiente información debido a que acabábamos de sufrir mucho por el terremoto. Fue hasta años después, por 1995 ó 1996, cuando cada vez más colegas y conocidos empezaron a tener el gusanito de poder ayudar a través de la música”, dice.

Así, su flauta que ha acompañado a la batuta de prestigiados directores de orquesta como Eduardo Mata, Christopher Wilkins, Roland Zollman y Nicholas McGegan, comenzó a dar conciertos a favor de la prevención.

Desde entonces su interés por la música va de la mano con su interés social. Humanista declarado, Franco es un músico que, en contraste con la mayoría de sus colegas, intenta contribuir desde su arte a la solución de problemas que aquejan a la sociedad.

“El gremio de la música clásica siente que la revolución no le ha hecho justicia; en muchos sentidos es cierto, pero por eso es difícil que abrace con su arte, una causa social de esta magnitud”, dice en entrevista.

En este sentido, añade: “Es complicado que una persona vulnerable sienta solidaridad por algo que no es urgente, sino importante. En el temblor del 85 todos reaccionamos lo más rápido posible, pero en algo que ya se asentó, que tiene más información, instituciones de lucha contra el VIH/ SIDA, apertura para hablar de los temas y una cobertura de seguridad social para los enfermos, pues ya no hay una necesidad imperiosa de ayudar”.

 Continuar con la lucha

Sin embargo, Franco asegura estar convencido de que los artistas tienen la obligación de  estar más comprometidos con su entorno.

“Como músico, como activista social, tenemos la obligación, si no de hacer eventos de recaudación de fondos, sí de contribuir con nuestro quehacer artístico para decirle a la gente que se cuide, que tenga a bien usar condón, a checarse periódicamente” apunta.

Horacio Franco no sólo se ha limitado a conciertos de música clásica, también se ha enfocado a los géneros populares, como el danzón, y lo ha hecho junto con amigos como el contrabajista Víctor Flores, con quien realizó el espectáculo Del Medioevo al Danzón, a beneficio de la Red Mexicana de Personas que Viven con el VIH/SIDA, organización fundada en 1995 para crear vínculos solidarios y apoyos mutuos entre las personas afectadas directa o indirectamente por ese virus.

La salud no es sólo lo único que le ha preocupado a Franco, también la discriminación y el prejuicio que hay hacia las personas seropositivas. “Conozco muchos colegas que son seropositivos y tienen un miedo terrible de decir que lo son, porque los van a discriminar, pero ellos no tienen la culpa, hay una discriminación tácita todavía hacia los enfermos de VIH, a los indígenas, a los homosexuales; navegamos con la bandera de que somos un pueblo muy democrático desde que nos llegó el cambio, que no fue tal, sino una transición algo que todavía no sabemos si es mejor o peor”, dice.

Por ello, asevera que ha usado a la música como arma en contra de la discriminación y la estigmatización.

“Lo único que puedo hacer es alzar mi voz a través de la música. Los mexicanos somos muy buenos y muy inteligentes, pero somos enormemente irreflexivos. Nos falta reflexión en todos nuestros actos”, lamenta.

Franco, quien también es considerado un icono gay y ha sido la figura de importantes campañas de prevención, afirma que la lucha no tiene que ser sólo para recaudar fondos.

“En el año 2000 di mi primer concierto a favor de una asociación para ayudar a enfermos de VIH. No se trata nada más de hacer conciertos para recaudar fondos, sino para que toda la gente se vuelva activista”, comenta.

Y lanza un llamado a sus colegas: “Los músicos siempre son gente muy agachona, aunque estén pataleando por dentro en contra del director o de las instituciones que los ha incomprendido o maltratado, nunca hablan. Y tenemos que hablar si queremos un cambio en este país”, cerró.


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