Los muxes de Oaxaca

Por Marinella Miano Borruso

      Muxe es el nombre que se les da a los hombres travestidos en Juchitán de la región del  Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, que desempeñan un papel femenino dentro de su comunidad. El término proviene del castellano colonial mujer siendo una derivación fonética usada por los zapotecas.

El muxe en la familia

En una familia tradicional el muxe suele ser considerado por su madre como “el mejor de sus hijos”. En una sociedad donde la mujer trabaja fuera del ámbito doméstico, el hijo muxe se vuelve un elemento valioso para su vida productiva. Él se ocupará de realizar las tareas relacionadas con la reproducción de la vida familiar – cuidar a los niños y a los ancianos, limpiar la casa y el patio, dar la comida a los animales, cocinar para la familia – es decir cumple la función de “dador de atención” como la de la hija soltera en el modelo familiar mestizo. A parte, los muxe son personas productivas fuera del ámbito doméstico, tienen fama de trabajadores y al igual que las mamás, aportan sus ganancias para sustento de la familia y cuidan del bienestar de los familiares. Otro elemento muy apreciado es que el hijo muxe nunca abandona a los padres en los momentos difíciles de la vida: la vejez y las enfermedades, pues – a diferencia de los hijos heterosexuales se casan y van a formar otro núcleo familiar que necesita cuidados – el hijo muxe se queda, inclusive cuando se junta – por temporadas – con un compañero, ya que los casos de parejas estables son muy raras. Para una mamá zapoteca, entonces, tener un hijo muxe representa tanto una seguridad económica como un apoyo moral, sobre todo cuando en edad madura se quedan solas, ya sea por quedarse viuda, ya sea porque el hombre se va con otra mujer más joven o porque ella misma decide separarse. El hijo muxe entonces viene a llenar el vacío de afectividad y atención dejado por un marido ausente y por los otros hijos que casándose se han ido. Si bien un padre no se regocija de tener un hijo muxe, por lo general y mamá mediando, lo acepta como algo irremediable.

Como las mujeres, tras una vida en la que han cumplido con la costumbre y las expectativas sociales, adquieren prestigio social y a la muerte de la abuela y de la madre en muchos casos heredan su autoridad moral, volviéndose el elemento unificador de la familia.

La aceptación y el apoyo que el muxe recibe de su familia constituye un elemento de gran seguridad y autoestima personal que le permite desenvolverse con libertad en el ámbito comunitario, contrariamente a lo que pasa en ámbito nacionales donde el proceso de coming out (salir del closet) es un proceso traumático y desgarrador que en la mayoría de casos se prefiere evitar. Es notable como los comportamientos de los niños que no corresponden a la asignación cultural de hembra y macho – por ejemplo un niño que juega con la muñeca de su hermana – son interpretados como signos de un destino social y de una ubicación genérica ya prevista por la cultura. No es de extrañar que en muchos casos, sobre todo cuando hacen faltas hijas y el hijo no expresa la “natural” agresividad de los varones, la misma madre cría al niño estimulando o favoreciendo una serie de comportamientos atribuidas socialmente a las niñas. Así que no es raro ver a niños muxe de 7,8, 10 años, acompañando a la mamá a vender al mercado o aprendiendo de ella a bordar.

El muxe en la organización socio-cultural

Las ocupaciones que desempeñan los muxe en la comunidad son bastante significativas para la reproducción de algunos elementos culturales importantes para la reafirmación de la etnicidad: ellos son los estilistas de la moda zapoteca, ellos diseñan y bordan el suntuoso traje regional de las mujeres y sus adornos floreales para el cabello – símbolo de la etnia, como mencionaba anteriormente; confeccionan y elaboran los vestidos de gala de gusto mestizo para las grandes ocasiones – bodas, quince años, aniversarios -, los indispensables y coloridos adornos de las fiestas o de los santos y los carros alegóricos en papel maché para los desfiles que acompañan las fiestas mayores; pintan las mantas y los estandartes que se utilizan para decorar y delimitar el espacio ritual de las fiestas; son los coreógrafos que se encargan de inventar y dirigir los bailes en boga en los quince años y los aniversarios, son los cocineros de la comida tradicional y los cantineros que agregan gracia y voluntad a la borrachera. Pueden ocupar un puesto de jerarquía y tradicional como brujo o curandero, ámbito también femenino.

Como las mujeres, los muxe tienden a acaparar las mayordomías como medio para adquirir prestigio social y reafirmar la lealtad étnica. Las mayordomías de la Vela de San Antonio, la San Jacinto y la Vela Agosto, dedicada a la Inmaculada Concepción, son acaparradas por los muxe.

Su presencia social es tan fuerte que celebran una Vela propia: la Vela de las Auténticas Intrépidas Buscadoras del Peligro. Empezada en los ’70 como una reunión de amigos de diferentes pueblos, unidos por la misma militancia en el PRI, en pocos años se volvió un gran fiesta muy concurrida y absolutamente popular, sin algún tinte político. El mismo presidente municipal puede ser elegido para coronar la reina. Como dato interesante que marca los alcances de la modernidad y su articulación con la tradición, el show travesti, importado del centro de la república y estrenado por primera vez en la Vela de las Intrépidas, ha encontrado en la población zapoteca un público entusiasta y ha tenido tanto éxito que ha entrado a formar parte de las fiestas de aniversarios y bodas tradicionales como elemento de entretenimiento adicional.

El muxe en la construcción de la sexualidad masculina.

El muxe tiene un rol importante en la construcción de la sexualidad masculina, pues es común – tradicional – que un homosexual inicie en las prácticas sexuales a los varones entre los diez y los quince años. A menudo es un pariente o vecino muxe que se presta con gusto a abrir el prepucio a un niño, desvirgar un muchacho y enseñarle los primeros manoseos y juegos amorosos y en general el arte de la seducción ya que según el modelo cultural tradicional, los adolescentes no tienen acceso a las mujeres ya que las muchachas, y especialmente sus mamás, cuidan su virginidad que se considera “la etiqueta” de la mujer y que debe ser comprobada exhibiendo el pañuelo manchado de sangre en la noche de boda. Para los varones son de difícil acceso las prostitutas por razones económicas y porque en general la comunidad no acepta a quién anda en los burdeles a temprana edad. Mientras las mujeres no tienen posibilidad de experiencias sexuales antes del matrimonio, los varones tienen en cambio la posibilidad y facilidad de aprender y practicar todo lo relacionado al sexo a través de las enseñanzas del muxe. Inclusive algunas madres pueden estimular el apareamiento temporal de su hijo con un muxe, buscando postergar la relación heterosexual estable que implica un distanciamiento económico y afectivo. Las prácticas homosexuales en los varones adultos, muy frecuentes sobre todo en estado de ebriedad, no son consideradas signos de homosexualidad sino más bien afirmación de masculinidad y machismo en tanto que el hombre sea la parte activa en la relación.

Los casos de pareja estable entre homosexuales son contados. Cuando por un tiempo se da una relación más estable se tiende a legitimarla con un “matrimonio”. Se hace gran fiesta con los amigos, él de frack, ella con vestido blanco de novia con su tocado de tul y el ramillete de flor en las manos.

El muxe entre tradición y modernidad

En Juchitán la homosexualidad se da principalmente bajo el fenómeno del travestismo tanto como vestidas como del travestismo ocasional o periódico ligado a la ritualidad gay – Fiesta de las Intrépidas, matrimonios entre un joven y una vestida, show travesti, fiestas privadas de aniversario – E l fenómeno del andar vestida es de reciente formación. Los gay que tienen entre 40 y 50 años me dicen que en su juventud había nada más cuatro travestis en el pueblo, ya que “por respeto a la familia, no se exageraba tanto como ahora”, aunque sí se vestían en reuniones que organizaban en privado.

No hay todavía transexuales que busquen la reasignación del cuerpo, las vestidas no se sienten inconforme e incómodas con su sexo, aunque unas cuantas expresan el deseo de implantar prótesis de silicón en el pecho.

Otro fenómeno que acompaña la modernización es el crecimiento de la prostitución de las vestidas, al cual no es ajena cierta presión que las mismas mujeres y madres ejercen en relación a lo económico y a las aportaciones que se espera de un muxe.

También la armonía familiar en relación a los hijos muxe actualmente se encuentra en crisis. Aunque en mi investigación encontré varios casos de muxe ancianos que experimentaron la no aceptación de parte de sus padres – incluso las madres -, actualmente sobre todo los jóvenes homosexuales y las vestidas encuentran una fuerte oposición y rechazo de parte esencialmente de los hombres de la casa: padres y hermanos. En muchos casos el rechazo se manifiesta con violencia, con golpes e inclusive con el alejamiento del núcleo familiar En esto juega tanto la modificación de la concepción tradicional de la homosexualidad masculina – ya que por influencia de la moral judeo-cristiana en el sentido común homosexualidad, travestismo y prostitución ocupan un mismo lugar – como la generación de nuevos campos de acción y nuevas situaciones no previstas por la cultura como la aparición en los años ’80 del VIH/SIDA. Su rápida extensión ha generado conflictos intergrupales[1][7] , ya que ha puesto de manifiesto y culturalmente visible la difundida bisexualidad masculina, se ha hecho presente una nueva forma de morir – o mal morir – con su secuela de complicaciones familiares, económicas, sicológicas etc. – suscitando un miedo social que a la larga puede provocar la marginación de un grupo que tradicionalmente ha sido parte integrante de la sociedad, con una consecuente ruptura de la lógica étnica de organización social.

Frente a esta situación la población homosexual de Juchitán ha reaccionado participando en la constitución y las actividades de una asociación de lucha contra el VIH/SIDA y modificando sustancialmente sus prácticas sexuales adoptando y difundiendo el uso del condón. En esta forma los muxe aparecen en la escena política local en formas no ligadas a los partidos en forma tradicional, más bien como ciudadanos que hacen patente un problema social nuevo y del cual se hacen conscientemente cargo en favor tanto de su propia comunidad como de la población en general. Esto ha generado también un cambio lingüístico y la adopción de la palabra gay para auto nombrarse, haciendo referencia implícita a una conciencia y activismo homosexual de tinte internacional. La misma población empieza a nombrar a las vestidas “las gay”.

El siguiente paso ha sido empezar a demandar otros derechos, como el de la vivienda por ejemplo. Entonces, si por un lado se empieza a manifestar una forma de rechazo a fenómenos que se perciben como trasgresión y amenaza al orden, por el otro, a la agresión e intentos de marginación corresponde un aumento de la autoafirmación que deriva tanto de la fuerza de la tradición como de la conciencia del derecho de “ser” en situaciones no previstas por la cultura y en un mundo globalizado donde los muxe y gays de Juchitán comparten con los gays del mundo el mismo derecho a exigir el respecto de sus derechos humanos y ciudadanos.

(Extracto)

 

Publicado en el sitio web I.S.I.S., url: http://www.isisweb.com.ar


 


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