Soy homosexual, soy leyenda

Publicado el 7 de enero de 2010.

30. Soy homosexual, soy leyenda                       

       No se puede estar seguro de lo que hay detrás de la iniciativa para la legislación del matrimonio entre personas homosexuales en el D.F. políticamente hablando, pero lo que sí ha quedado perfectamente claro, una vez más, es la intolerancia de las asociaciones religiosas y de los sectores más reaccionarios de la sociedad en contra de una de las tantas minorías existentes en el país.

Sabemos que el impulsar una propuesta de esa naturaleza sin hacer las adecuaciones necesarias al marco jurídico vigente es lanzarla al vacío y permitir que sus detractores la hagan abortar sin un gran esfuerzo haciéndola pasar a la historia, al menos, como un ejercicio de medición de fuerza y capacidad de reacción de ambos bandos.

De manera conservadora se calcula que un diez por ciento de la población mundial expresa su sexualidad de una manera diferente a la heterosexual, por lo que pretender que más de seiscientos millones de personas no merecen un lugar, un derecho, un respeto, es uno de los más grandes absurdos de todos los tiempos de esta sociedad practicante muchas veces de la doble moral, de la simulación, del autoengaño.

Homosexual puede ser el doctor que te atiende o el maestro de tus hijos, el conductor del metro o el albañil que construye tu casa. Homosexual no sólo es el estilista, diseñador o bailarín, sino también el filósofo, el escritor, el gran conquistador, el dictador (Platón, García Lorca, Alejandro, el mismo Hitler1) y también tu hermano, tu esposo, tu propio hijo.

A todos los moralistas desinformados les ha faltado mínimamente leer “La Cuestión Homosexual”2 y actualizar así un poco sus anquilosados conceptos sobre este tema. Tal vez unos cuantos entenderían que desde el principio de la humanidad y hasta su supuesto y no deseado final, el homosexual ha estado y estará siempre presente. Gran desilusión se llevarían los homofóbicos  al saber que después de la gran tragedia de “Soy Leyenda” (la película) habría muchos otros y muchas otras y que ni reinstalando los ghettos del nazismo, por cierto, no condenados oficialmente en su momento preciso por el Vaticano, podría lograrse nuestro exterminio total.

La paradoja es que los que se erigen hoy como fiscales son los “representantes en la Tierra” del gran Redentor que predicó el no juzgar a otros sin estar libre de culpa y al parecer olvidan las acciones cometidas al interior de los propios muros de su organización3. Al escuchar los términos ofensivos con que altos jerarcas religiosos se han referido a la mencionada ley, se antoja responder de la misma manera, pero sólo sería caer en la descalificación mutua y descender a un bajo nivel de expresión.

Probablemente esta batalla se pierda en los próximos meses, pero por el contrario, la verdadera fuerza que se encuentra en la entrega diaria a la labor del homosexual, cualquiera que ésta sea, lo mismo que en su superación constante, será cada vez mayor, debe serlo, y no se verá reducida a una marcha cada año por las principales avenidas de las grandes ciudades.

“Querrán hacerme daño. Más no sabrá
nadie de cuantos se me acerquen
dónde están mis heridas, mi punto vulnerable,
bajo las apariencias que me cubran.”

K. Kavafis
1.MACHTAN, LOTAR, El Secreto de Hitler, Planeta, México, 2004
2.TRIPP, C.A., La Cuestión Homosexual, EDAP, Madrid, 1978
3.RODRÍGUEZ, PEPE, Pederastia en la Iglesia Católica, Ediciones B, Barcelona, 2002


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